Adentrarse en Michoacán equivale a encontrarse con la amalgama de las raíces purépechas y el legado de Vasco de Quiroga: en Capula la alfarería, en Tzintzuntzán el tejido de la palma y el trabajo de la madera, en Pátzcuaro el laqueado y el hilo de oro con su moldeado del maque, en Santa Clara la forja del cobre y en Janitzio sus artes de pesca.

A la fecha se preserva la herencia de “Tata” Vasco, que durante su obispado hacia 1538 y hasta su muerte, trabajó por lograr la especialización de un oficio en cada comunidad y que en su momento contribuyó a superar el yugo colonial.

Pátzcuaro constituye un ejemplo claro del reconocimiento a ese legado, desde la plaza central que lleva el nombre de quien fuera obispo y luce su figura, pasando por las calles empedradas que llevan al encuentro de construcciones coloniales.

Ahí están el Real y Primitivo Colegio de San Nicolás Obispo -antecedente de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo-, el Templo del Sagrario que con su toque de humus y sus arcos es escenario para la foto del recuerdo, la Iglesia de la Compañía -hoy Casa de la Cultura-, la Basílica de Nuestra Señora de la Salud o la Casa de los 11 patios.

Detenerse en un punto equivale a perderse en el disfrute, y un ejemplo es la Casa de los 11 patios -con cinco abiertos al público desde que fue dividida por la vialidad-, que fue refugio de monjas dominicas y en la actualidad alberga talleres de textiles, maque y laqueado, además de venta de artesanías.

Visitar los talleres da la oportunidad de apreciar la destreza para obtener una gama de pigmentos naturales a partir de la molienda en metate, o la habilidad para decorar con hilo de oro una batea o un crucifijo, que da como resultado una artesanía que combina las técnicas purépechas con las enseñanzas de Vasco de Quiroga.

La pasta de caña de maíz merece especial atención, por constituir una técnica ancestral que además de su maleabilidad para dar forma a figuras religiosas, por su ligereza facilita la transportación, mientras la combinación de ingredientes garantiza perdurabilidad.

Esculturas creadas en los siglos XVI y XVII se aprecian en la actualidad sin huellas de polilla o daños, más allá de los causados por el hombre, sin que a la fecha se conozca con certeza la técnica original para lograrlo.

Llegar hasta Pátzcuaro hace imprescindible visitar Janitzio, cruzar el lago para llegar a la isla, en el trayecto apreciar las artes de pesca que identifican a los lugareños, y ya en tierra disfrutar del pescado blanco y los charales fritos al son de la danza de “Los viejitos”.

La permanencia en la isla lleva a visitar la única iglesia católica, y subir al monumento a Morelos, una estructura de 40 metros de altura que en su interior muestra en murales escenas de la vida del prócer. Desde el mirador instalado en el puño en alto, habrá que tomar la foto panorámica.

Son apenas algunos puntos de la ruta que Vasco de Quiroga siguió durante su permanencia en Michoacán, tierra de peces, donde fundó decenas de huataperas o pueblos-hospital en torno a los cuales giró la vida de los purépechas, hasta que las adoptaron y adaptaron a sus propias costumbres.