Con las emociones a flor de piel y un corazón lleno de ilusiones, miles de mexicanos arribaron a la T-Mobile Arena de esta ciudad, tras recorrer varios kilómetros por la vía aérea o terrestre.

Algunos acumulaban varios días de camino, otros apenas unas horas y muy pocos sólo habían cruzado la avenida, pero todos coincidían en la misma fe, en no perder la esperanza de ver ganar a su ídolo Saúl "Canelo" Álvarez en contra de Gennady "GGG" Golovkin.

En el paisaje predominaban las camisetas verdes o aquellas de edición especial en apoyo al "Canelo". Sin embargo, hubo algunos que fueron más allá, como es el caso de Todd, quien diseñó su propio atuendo distinguiendo en imagen de santo al afamado boxeador mexicano.

"Saint Canelo" era la frase que se leía al centro de su playera y sí, simulaba ser el pugilista con la mano izquierda cerca del corazón y su aureola dorada.

Otros optaron por usar una cinta en la frente en apoyo a su ídolo, mientras que don Francisco Jiménez cargaba con su sombrero de charro y María Guadalupe un rebozo con los colores de la bandera mexicana.

Llegaron en pareja, en familia, entre amigos y hasta solos, pero no importaba, decían éstos últimos, pues ya adentro, desde la tribuna, te unes con los demás para organizar la porra, la ola o para entonar el "Cielito lindo" como canto de ánimo y hermandad.

"Yo no soy mexicano, pero como si lo fuera, pues viví muchos años allá y por eso estoy aquí, apoyando al 'Canelo'", expresó el estadunidense Wesley Grant, mientras que Abraham, acompañado de su hermano, decía que ambos nacieron en México, pero llegaron a Dallas desde que eran niños.

"Hablamos muy poco español porque el inglés ha sido nuestro idioma para subsistir, pero nadie nos quita el alma de mexicanos ni las ganas de apoyar a los nuestros en eventos como éste", dijo a Notimex en entrevista.

Tras subir las escaleras eléctricas, cuatro mujeres también se unían a la fiesta. "Nos gusta mucho el boxeo, aunque parezca raro, aunque los machos digan que no es deporte para viejas, pero a nosotras nos gusta. Vengo con mi mamá, mi tía y la vecina", destacó Andrea Castillo.

Llegaron procedentes de Guadalajara, Jalisco, y era su primera vez en Las Vegas, la llamada "Capital mundial del Entretenimiento". Estaban lejos de su país, pero muy cerca de la gente con la que viven el mismo sueño boxístico.

Una palomitas, un hot dog, nachos y un vaso de cerveza o de refresco con vodka, fueron las provisiones perfectas para ingresar al T-Mobile Arena y esperar a que comenzara la pelea, a por fin acariciar el sueño con la esperanza de que se volviera realidad.

No obstante la música en alto volumen que recibía en el ring a Golovkin, la rechifla de los mexicanos fue superior. Lo abucheaban mientras que al "Canelo" le ponían una alfombra roja de halagos y porras a ritmo del "México lindo y querido" en voz de Alejandro Fernández.

Ya en acción, los gritos desde la tribuna no se hicieron esperar. Con los nervios de punta, con el "Jesús en la boca", con el sudor en la frente, mordiéndose las uñas y llevándose las manos a la cabeza en señal de preocupación, clamaban el triunfo del 'Canelo'.

Por cada golpe que el kazajo "GGG" Golovkin conectaba al "Canelo", exclamaban de la preocupación y bebían un poco de la "chela" para pasarse el mal trago. Otros optaban por gritar: "¡México!, ¡México!" con aplausos, y algunas, de plano, rezaban su Rosario.

No importa cómo, el chiste era apoyar y el secreto estaba en no distraerse. "Porque si me distraigo, el 'Canelo' pierde. Esto es un asunto de concentración, de miocardio", expresaba Javier mientras observaba la pantalla gigante al centro y rápidamente comparaba la acción con la que sucedía en el ring.

La gloria estaba cerca. Sí, el "Canelo" se veía lastimado, pero muy fuerte para ganar tras los 12 rounds. "Es el que más golpes ha dado, el otro apenas si lo toca", opinaba Mateo a la espera del veredicto de los jueces.

Finalmente, llegó el momento esperado y el triunfo fue para el ídolo de los mexicanos luego de varios minutos de ansiedad. La mayoría de las gradas lo celebraba con bombo y platillos.

Esas miles de gargantas no se cansaban de exclamar, mientras que los brazos y piernas les respondían en señal de la victoria. Era el llanto del triunfo, de ver coronarse a tu ídolo una vez más, pero ahora como el campeón mediano del Consejo Mundial del Boxeo (CMB).

Afuera continuaba la celebración y aquellos que llegaron solos, hoy se fundían con otros en un abrazo de júbilo y amistad. Así, la fiesta se prolongó hasta altas horas de la noche por el strip de Las Vegas.