La guerra en el norte de Mali afectó gravemente a uno de los principales sectores de la ya débil economía local: el turismo.

Hasta hace no muchos años eran numerosos los turistas que visitaban las ciudades de Mopti, Tombuctú y Gao, lugares ricos en historia y con atractivos naturales únicos en el mundo.

La población autóctona sobrevivía gracias a actividades relacionadas con el turismo, que hoy es inexistente.

"Empecé a trabajar como sastre en 1987. Tenía solo 13 años. Desde entonces, siempre hice este trabajo". Todos los hombres de la familia de Madou Diamé fueron o son sastres. Y sus hijos también lo serán.

"Nosotros, los Diamé, tenemos el telar en la sangre. Empezó mi bisabuelo y la tradición llegó a mí y a mis hermanos. Tengo seis hijos pequeños. El menor tiene dos años y ya juega con bobinas y carretes de algodón”, dice Madou.

En enero pasado Madou tuvo que irse de Mopti, la ciudad donde nació y siempre vivió, para mudarse a Bamako. En una concurrida intersección de Badalabougou, un barrio céntrico de la capital, instaló su telar, y ahí exhibe sus obras.

Madou confecciona unas telas de algodón o lana muy preciadas que sirven como colchas, fundas de sofás y manteles. Su otra especialidad son los vestidos de novia.

“Los motivos y colores de mis telas siguen la tradición de la etnia Peul, originaria de la región de Mopti. Antes los turistas venían a Mopti, también conocida con el apodo de "Venecia de África" por sus muchos canales, y compraban mis obras como souvenirs”, explica

“También había mucho turismo en Tombuctú y Gao, famosos por sus mezquitas de arena y sus tours por el desierto. Pero ahora las cosas cambiaron mucho", se lamenta.

En 2012 varios grupos yihadistas bajo la bandera de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) se aliaron con los rebeldes tuareg, que exigían desde hacía décadas la independencia de su propio Estado, y estalló una terrible guerra en el norte de Mali.

El ejército maliense no estaba preparado, por lo que los extremistas lograron ocupar grandes territorios. Fue gracias a la intervención de las tropas francesas, en enero de 2013, que las ciudades de Mopti, Tombuctú y Gao fueron liberadas.

Pero la presencia yihadista en el norte no terminó ahí. Los miembros de AQMI lograron reorganizarse y todavía hoy están detrás de graves ataques a la Misión de Estabilización de la ONU en Mali (MINUSMA), provocando el pánico entre la población civil.

Madou reprodujo exactamente el telar que usaba en Mopti. Aunque muy espartano en apariencia, su herramienta de trabajo le permite producir telas y prendas de vestir muy preciadas.

"Mi familia y yo -dice mientras acciona el telar con el pie- vivimos momentos muy difíciles durante la ocupación. Muchas actividades fueron prohibidas. Esos locos de los yihadistas nos prohibieron a mí y a mis colegas trabajar con telas de colores. Hundieron nuestra economía".

En Bamako, Madou tiene más probabilidades de vender su trabajo. Instaló su telar cerca de un supermercado frecuentado por occidentales, muchos de los cuales son funcionarios de la ONU o trabajadores de organizaciones no gubernamentales (ONG). No hay muchos malienses que se puedan permitir comprarle telas a Madou.

"Algunas telas requieren tres días de trabajo, otras una semana, otras 15 días, otras incluso dos meses. El precio claramente depende de la cantidad de trabajo que tengo que invertir. Puede oscilar entre 10 mil francos (unos 18 dólares) y 250 mil francos (unos 450 dólares)”, explica el sastre de Mopti.

"Aquí, en Bamako, la vida también es dura". A veces gano algo, a veces no. La crisis afectó a todo Mali. La situación se vuelve cada vez más complicada, pero gracias a Dios consigo salir adelante. Mi esposa y mis hijos se quedaron en Mopti, así que todo lo que gano se lo mando a ellos".

Un jeep de la ONU se acerca al telar de Madou. Bajan del vehículo cuatro cascos azules de Estados Unidos. Se detienen a mirar los tejidos verde militar que están colgados en la pared de una villa.

Los soldados no hablan francés y Madou solo habla bambara, el idioma más común de Mali. Sin embargo, con gestos logran negociar el precio y cerrar el trato. Todos sonríen y se muestran satisfechos.

“Hoy -dice Madou volviéndose a sentar ante el telar- es un día de suerte. Ojalá todos los días fueran así. ¿Mi sueño? Sueño con que los turistas regresen a Mopti. Pero esto no será posible hasta que regrese la paz a Mali”.

“Tenemos que darnos la mano unos a otros y acabar con esta guerra. Solo de esta manera tendremos el progreso del cual todos nos beneficiaremos", afirma.