Jorge Brenes Salazar, especialista en enfermedades cardiovasculares de Mayo Clinic, dijo que las últimas evidencias plantean que para la mayoría de las personas cuyo corazón bombea normalmente, después de un infarto, los betabloqueantes solo serían beneficiosos durante el primer año.

A los pacientes que tuvieron un ataque cardiaco hace más de un año, y no sufren de insuficiencia cardíaca, les aconsejó hablar con su médico si aún están tomando estos fármacos, porque podrían ya no requerirlos.

En un comunicado, señaló que las pautas recomiendan la terapia con betabloqueantes durante tres años, pero ese tiempo podría ser innecesario, ante las nuevas técnicas de atención de un infarto y los tratamientos farmacológicos que ahora se recomiendan.

Explicó que los betabloqueantes son fármacos para tratar la presión arterial alta y la insuficiencia cardíaca que funcionan porque obstruyen el efecto de la hormona epinefrina, también conocida como adrenalina.

Al tomarlos, se reduce la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo cual aligera el trabajo del corazón y mejora la circulación sanguínea.

Los Departamentos de Emergencia usaban estos fármacos para limitar el daño al músculo cardíaco al producirse un ataque al corazón; pero los métodos actuales para el tratamiento, que incluyen medicamentos para disolver coágulos y el destape quirúrgico de las arterias obstruidas (conjuntamente llamado reperfusión), mejoran la circulación sanguínea sin los riesgos de los betabloqueantes.

Advirtió que la administración inmediata de betabloqueantes, especialmente en dosis altas y por vía intravenosa, puede ser nociva para las personas con menos flujo sanguíneo hacia sus órganos o que tienen un músculo cardíaco debilitado que no bombea bien.

La terapia con estos medicamentos se recomienda después del tratamiento urgente para el ataque cardíaco, a fin de reducir el riesgo de arritmia cardíaca, dolor del pecho u otro ataque cardíaco.

Lo que los expertos ahora cuestionan es una terapia prolongada necesaria en quienes no sufren de insuficiencia cardíaca, especialmente en este momento, en que la aspirina y las estatinas para reducir el colesterol se han vuelto sustancias confiables para controlar las cardiopatías.