La educación jurídica en México debe transformarse y lograr que los alumnos universitarios vean al derecho desde una mirada crítica, consideró Diego García Ricci, académico del Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

“Es la única forma que puede facilitar los cambios jurídicos que se necesitan para alcanzar una sociedad mexicana más justa, más democrática, menos desigual”, afirmó.

Enfatizó que el cambio debe estar en el tipo de docentes que se tienen en los salones, donde convergen profesoras y profesores con formaciones y formas de ejercer el derecho tradicionales, así como otros que intentan darle a sus clases una visión crítica a partir del uso de casos o la problematización de los temas que se tratan en las asignaturas.

Al participar en la mesa de análisis "¿Qué tipo de abogadas y abogados se forman en las Universidades en México y América Latina?" señaló que es común que es en las escuelas de leyes del país impartan el derecho muy ligado al sistema jurídico nacional.

“Esto nos está presentando retos muy importantes. Tenemos una Constitución que tiene más de cien años de vigencia, que se hizo siguiendo la tradición decimonónica de desarrollar un código político; y al mismo tiempo una Constitución que incluye principios y valores característicos del constitucionalismo europeo de la segunda mitad del siglo XX”, aseguró.

Ello complica las labores de enseñanza, pues se cuenta con algunos textos de doctrina que fueron escritos bajo el paradigma del siglo XIX, pero no se puede enseñar sólo a través de ellos, pues en ciertas materias, como las de derechos humanos, se vuelve necesario utilizar los casos resueltos por la corte u otros tribunales nacionales e internacionales.

En su oportunidad, Guadalupe Barrera Nájera, del Programa Universitario de Derechos Humanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), agregó que a diferencia de muchas otras profesiones de las ciencias y las humanidades, los abogados no tienen una sola hora de práctica como requisito curricular en México.

En cambio, en algunos países de América Latina eso es distinto, con la creación en los años 70 del siglo pasado de las primeras clínicas jurídicas que buscaban aliviar ese problema; algo que no necesariamente se ha logrado.

Aunque la brecha entre teoría y práctica en la enseñanza del derecho es una discusión añeja, quizá la cuestión no es salvarla, sino más bien modificar la forma de pensar esa brecha.

Barrera señaló que más o menos desde 2004 hubo en un gran cúmulo de universidades en México, “intentos modestos”, por llevar la práctica a las escuelas de derecho mediante clínicas jurídicas, pero consideró que "gran parte del problema, lo poco que hemos avanzado en este campo, es que seguimos pensando que la práctica es un apéndice de la teoría”.

Para la académica, hay conocimientos que no se pueden verbalizar, que se desarrollan en la observación y en la práctica; una práctica muy concreta y focalizada que permite aprender a hacer algunas cosas propias de la profesión del abogado.