El advenimiento de la Revolución 4.0 deja atrás los métodos tradicionales de capacitación y empleo, por lo que el principal reto es incorporar las nuevas tecnologías de la información a los procesos de producción en manufactura y servicios, a través de una nueva cultura de capacitación.

Representantes empresariales del país aseguraron que en la actualidad, tan sólo 13 por ciento de las Micro, pequeñas y medianas empresas ofrecen capacitación a sus empleados, pese a que hacerlo aumenta hasta en un 25 por ciento la productividad.

El presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Juan Pablo Castañón, aseguró que lo anterior solo será alcanzable con una mayor capacitación y una cultura, desde la dirección de la empresa hasta los trabajadores.

Durante su participación en el Encuentro del Sistema Nacional de Competencias 2018 del Conocimiento, Competitividad y Crecimiento (Conocer), dijo que hoy en día el gran desafío es incrementar la productividad de las empresas para promover un mayor dinamismo de la economía.

Refirió que actualmente 50 por ciento de la población trabaja en sectores de baja productividad, y más del 57 por ciento de la población ocupada pertenece al sector informal, por lo que “esto tiene que cambiar”.

Reconoció que todavía hay una baja inversión en capacitación de personal, sobre todo en las Micro, pequeñas y medianas empresas, pues sólo 13 por ciento de ellas ofrecen capacitación a sus trabajadores.

Ello, aun cuando se sabe que hacerlo puede incrementar la productividad, por lo que urge el desarrollo de una cultura de capacitación, en donde reconoció que Conocer es un gran aliado que articula a las organizaciones laborales y el sector empresarial.

En este sentido, el director general de Conocer, Alberto Almaguer, aseguró que como organismo certificador que han otorgado el reconocimiento a dos millones de personas en el país, es hoy la solución de políticas públicas para garantizar la eficiencia en la utilización de recursos públicos para capacitación y formación.

“Veo al certificado como el elemento regulador de calidad de servicio personal y disminuir riesgos, que puedan generar la incompetencia de servicios mal prestados con perjuicio de sí mismos y de terceros", agregó.

"Los vislumbro asimismo como el instrumento de política social para agregar desarrollo de capacidades productivas y evitar la tentación de políticas asistenciales, y que éstas se transformen en auténticas políticas de desarrollo social", puntualizó Almaguer.