Túnez sigue sin superar razones de revuelta de 2011

Hace cinco años el vendedor ambulante tunecino Mohamed Bouazizi se inmoló en la ciudad de Sidi Bouzid en protesta por la corrupción policíal en el país norafricano, acto que desató el movimiento de...

Hace cinco años el vendedor ambulante tunecino Mohamed Bouazizi se inmoló en la ciudad de Sidi Bouzid en protesta por la corrupción policíal en el país norafricano, acto que desató el movimiento de la llamada primavera árabe.

A un lustro del hecho que inició la convulsión en varios países de Medio Oriente y norte de Africa, como Egipto o Libia, en Túnez el movimiento parece marchito.

Pese a los cambios en Túnez, las principales demandas de libertad, dignidad y empleo, siguen pendientes de acuerdo a críticos al régimen.

Las protestas callejeras obligaron al entonces presidente Zine El Abidine Ben Ali al exilio y terminaron dos décadas en el poder, y llevaron a una nueva Constitución con elecciones en 2014.

El Cuarteto de Diálogo Nacional recibió el Premio Nóbel de la Paz 2015 por promover la transición a la democracia en el país del norte africano, pese a lo cual los vecinos de Bouazizi opinan que sus vidas no son mejores que antes.

"Antes de la caída del régimen de Ben Ali, teníamos esperanzas", señala Ramzi Abdouli, de 29 años".

"Pensamos que tal vez cuando Ben Ali dejara el poder nuestra realidad iba a cambiar. Por desgracia, no fue el caso", añadió a la cadena qatarí de noticias Al Yazera.

Después de que Ben Ali fue depuesto, Abdouli marchó más de 250 kilómetros, desde Sidi Bouzid a Túnez en abril de 2012 para reiterar las demandas de la justicia social y el empleo.

"Los jóvenes en Sidi Bouzid sienten que hemos sido excluidos, ignorados y marginados", Agregó que sus demandas de justicia social y desarrollo fueron ignoradas.

El empleo fue una de las principales demandas durante la revuelta de 2011, pero las cifras de desempleo siguen altos, 16 por ciento en 2014, de acuerdo a la Oficina Nacional de Estadística, y se estimas aún mayor en las regiones del interior, como Sidi Bouzid.

En un país de 12 millones de habitantes, el desempleo crea un terreno fértil para el terrorismo, la pobreza y la corrupción. Tenemos que ser serios y el Estado debe asumir su responsabilidad, sostuvo.

Muchos jóvenes están emigrando a Europa, arrojándose al mar Mediterráneo, o unirse con extremistas en Siria e Irak.

Los jóvenes perdieron la esperanza en la revolución, y es muy doloroso ver esto, señala Lina Ben Mhenni, prominente bloguera y activista de derechos humanos en Túnez.