El presidente de Argentina, Mauricio Macri, celebró hoy aquí la lucha contra la corrupción, en medio de escándalos que involucran no solo a opositores, sino a su familia y a empresas que fueron de su propiedad.

“Nunca más (vamos a) seguir permitiendo que una sociedad se base sobre la viveza mal entendida, el atajo, la corrupción. Eso nunca más en la historia de los argentinos”, dijo el mandatario durante un evento en la provincia de Buenos Aires.

Agregó que "se puede dejar de pensar que uno es tan solo un observador de la realidad, para asumir que el destino depende de nosotros, de lo que hagamos cada uno".

Macri insistió en que los argentinos merecen “ser protagonistas de algo sano, soñar la vida que merecemos vivir, es lo que decidimos hace tres años, porque merecemos una sociedad mejor que la que teníamos".

La corrupción se ha convertido en tema central de la agenda pública argentina y de los discursos presidenciales, a raíz de un caso que destapó la red de multimillonarios sobornos que presuntamente armaron los gobiernos del fallecido Néstor Kirchner y Cristina Fernández, con el apoyo de empresarios.

El caso que ha provocado una conmoción comenzó con la revelación de ocho cuadernos escritos por Óscar Centeno, chofer de Roberto Baratta, uno de los exfuncionarios más influyentes de los gobiernos que Kirchner y Fernández encabezaron de 2003 a 2015.

En esas páginas, que un amigo de Centeno entregó a un periodista de La Nación y éste al fiscal Carlos Stornelli, el chofer registró durante años, al mejor estilo de los servicios de espionaje, a dónde, cuándo y con quiénes llevaba a Baratta presuntamente para recoger sobornos que empresarios pagaban en efectivo.

De acuerdo con las anotaciones de Centeno, Baratta recolectó por lo menos unos 200 millones de dólares que, en su mayoría, terminaron en manos de los Kirchner.

La investigación involucra a decenas de exfuncionarios y empresarios, muchos de los cuales ya confesaron los delitos y se ampararon en la figura del “arrepentido” para poder seguir en libertad hasta que comiencen los juicios.

Entre ellos se encuentra Ángelo Calcaterra, primo de Macri, quien se presentó ante el juez Claudio Bonadío con la garantía previa de que no lo iban a detener, además de que se victimizó y aseguró que fue presionado por el gobierno kirchnerista para aportar dinero de manera ilegal a campañas electorales.

La justicia, sin embargo, debe investigar si esos recursos en realidad fueron sobornos pagados por Calcaterra y el resto de los empresarios para que el gobierno les otorgara millonarios contratos de obra pública, lo que los hace cómplices, no víctimas.

El caso puso a prueba las promesas de transparencia de Macri, ya que su primo quedó en libertad a pesar de haber confesado los delitos, gracias a que se acogió a la figura judicial del “arrepentido”.

Además, antes de que estallara este escándalo, el partido de Macri ya era investigado por haber anotado como donantes de sus campañas en 2015 y 2017 a personas pobres y beneficiarias de programas sociales que ni siquiera sabían que estaban en las listas de donadores.

Por otra parte, sigue pendiente que el Grupo Macri, propiedad de la familia del presidente, pague una millonaria deuda que mantiene con el Estado por la concesión del Correo Argentino y que el actual gobierno intentó condonarle, lo que no pudo lograr gracias a que una investigación periodística destapó el caso.