Los venezolanos esperan con temor e incertidumbre la entrada en vigor de la reconversión monetaria, que contempla la eliminación de cinco ceros al bolívar, como parte de los esfuerzos del gobierno de Nicolás Maduro de combatir la inflación y la escasez de billetes.

Cientos de comercios permanecían cerrados en algunas ciudades del país a la espera de la eliminación de cinco ceros a la moneda, una medida que será precedida por la suspensión de los pagos electrónicos por unas horas en la tarde del domingo.

La reconversión monetaria, pospuesta dos veces por el gobierno de Maduro este año, entrará en vigencia el próximo lunes bajo una severa escasez de efectivo y en un país que vive con hiperinflación.

Maduro dijo que la nueva unidad monetaria o "bolívar soberano" estará en circulación a partir del 20 de agosto como parte de un "programa de recuperación" para enfrentar la severa crisis económica que azota a Venezuela.

La nueva unidad monetaria o "bolívar soberano" implica la eliminación del actual cono monetario de 1.000, 2.000, 5.000, 10.000, 20.000, 50.000 y 100.000 bolívares, que el propio Maduro puso en circulación entre 2016 y 2017 para paliar en parte el incremento exponencial de los precios.

A partir del 20 de agosto entrará en circulación una moneda de 50 céntimos y una de 1 bolívar, además de ocho billetes de 2, 5, 10, 20, 50, 100, 200 y 500 bolívares.

Los venezolanos recibieron con desconcierto y temores el paquete de medidas anunciado por el presidente Nicolás Maduro para hacer frente a la crisis económica y social que sigue agravándose ante el vertiginoso avance de la hiperinflación que según el FMI se proyecta para un millón por ciento este año.

La razón oficial para la reconversión es tratar de combatir la recesión y los elevados precios, pero analistas han advertido que las medidas son insuficientes para cortar la espiral inflacionaria.

Comerciantes y consumidores fueron sorprendidos cuando el gobierno anunció que se eliminarían cinco ceros a la moneda, y no tres como había dicho inicialmente, así como los billetes de 100 y 500 bolívares.

Cientos de negocios optaron por suspender actividades para evitar inconvenientes en el inicio de la reconversión.

“Estamos en el limbo”, dijo Carmen Hernández, dueña de una tienda de zapatos, preocupada por los pagos electrónicos en las horas previas a la medida.

“Si ya la situación económica es fea, ahora se pondrá más fea”, dijo Reynaldo Díaz. “Al quitarse los ceros vendrán ajustes en los servicios”, apuntó.

La compañía telefónica estatal ajustó sus tarifas hace dos semanas, después de años sin revisarlas. El plan básico de internet fue fijado en 100.000 bolívares o 1 bolívar soberano.

La decisión de Maduro de elevar próximamente la gasolina a precios internacionales, imponer un subsidio al combustible para una parte de la población beneficiaria de un carné estatal, fue la medida más rechazada por la población.

“Eso es una arbitrariedad grandísima que los que no tenemos el carné de la patria nos cobre la gasolina a precios internacionales si no tenemos ni para comer”, dijo León, un conductor, mientras aguardaba para llenar el tanque de gasolina de su auto.

Opositores han señalado al gobierno de utilizar el “carné de la patria” para imponer un control político, pero Maduro insiste que es una medida para combatir el contrabando de combustible que le genera pérdidas al Estado.

Los conductores de transporte público evalúan cobrar 50.000 bolívares, un aumento de 150 por ciento frente a la tarifa actual, que permite pagar con la nueva moneda de 50 centavos de bolívar, la más pequeña de las nuevas piezas.

“Estamos descontrolados. ¿Cómo vamos a pagar el pasaje de la camioneta que cobra 10.000 bolívares? No entendemos nada, no sabemos nada”, dijo Antonio Omaña, un profesor jubilado.

“No se va a acabar la crisis económica en Venezuela con la reforma monetaria, no se va acabar la inflación, no vamos a tener un país que va a empezar a crecer”, sostiene el analista Luis Oliveros.

Advierte que tampoco espera que la reforma sea de larga duración, al no ser ejecutada junto a un plan de medidas acertadas y prevé que los nuevos billetes tenga una duración de unos nueve meses.