Informe detalla abusos sexuales de más de 300 sacerdotes en EUA

Un gran jurado en Estados Unidos develó un informe de 887 páginas, que detalla los abusos sexuales cometidos por más de 300 sacerdotes católicos contra “miles de niños víctimas” en seis diócesis del...

Un gran jurado en Estados Unidos develó un informe de 887 páginas, que detalla los abusos sexuales cometidos por más de 300 sacerdotes católicos contra “miles de niños víctimas” en seis diócesis del estado de Pensilvania.

“La mayoría de las víctimas fueron niños, pero también hubo niñas. Algunos eran adolescentes, pero muchos preadolescentes. Algunos fueron manipulados con alcohol o pornografía”, señaló el documento.

“Todos fueron marginados en todo el estado, por líderes de la Iglesia que prefirieron proteger a los abusadores y a sus instituciones por sobre todas las cosas”, agregó el informe.

Uno de los casos incluidos en el documento menciona al padre James Armstrong de la Diócesis de Pittsburg, quien proveyó a niños indigentes de alcohol, drogas y dinero a cambio de sexo.

Otro caso involucró al reverendo Guido Miguel Quiroz Reyes, acusado de abusar sexualmente de dos menores de edad, y de mantener los abusos a pesar de que la familia de las víctimas se mudó a Florida.

De acuerdo con el gran jurado, la Iglesia católica desarrolló un manual para ocultar la verdad, usando eufemismos como “contacto inapropiado” en lugar de violación, y poniendo investigadores a modo para llegar a conclusiones preestablecidas, antes que buscar la verdad.

El manual de la Iglesia católica, según el gran jurado, incluía además enviar a los sacerdotes abusadores a una “evaluación” en centros de tratamiento psiquiátricos para determinar si eran pedófilos, pero a partir de autodiagnósticos de los propios acusados y no del examen de expertos.

Cuando los sacerdotes tenían que ser removidos de sus diócesis, el manual nunca aclaraba los motivos y algunos acusados continuaron gozando de techo y comida para continuar perpetuando sus abusos sexuales, de acuerdo con el informe.

Finalmente, la Iglesia católica de Pensilvania nunca reportó los casos a la policía y aunque eran ofensas criminales optó por tratarlas como “asuntos personales”, deploró el documento.