— La ciudad de Niágara, en la frontera canadiense con Estados Unidos, ofrece una gran variedad de atracciones que van desde la caída de las grandes cataratas hasta casinos, juegos mecánicos, acuarios, museos de cera, de lo increíble, de Guinness, go karts y casas de espantos.

Como una "burbuja" en medio de la guerra comercial y política que inició el gobierno de Donald Trump contra el gobierno canadiense de Justin Trudeau, en esta línea fronteriza conviven canadienses y estadunidenses de diferentes culturas y religiones. El único pasaporte requerido es el deseo de divertirse.

Con una población permanente que apenas llega a los 500 mil habitantes pero con una gran afluencia de turistas que alcanza cada año los 14 millones, la ciudad de Niágara, conocida por las inmensas cataratas que comparte con Estados Unidos en el río Niágara, entre los lagos Ontario y Erie, ofrece atractivos para todas las edades y gustos, en un ambiente de tolerancia racial y cultural.

En Niágara el presidente estadunidense Donald Trump es una figura de cera que aparece junto a los mandatarios de Rusia, Vladimir Putin, y de Corea del Norte, Kim Jong-un. Un despistado visitante puede confundir la figura de cera de una mujer que atiende el mostrador como una persona verdadera.

La línea fronteriza entre Estados Unidos y Canadá se encuentra en la mitad del río Niágara, por lo que ambas naciones comparten las cataratas (Niagara Falls). La cascada se extiende sobre una superficie en forma de herradura de caballo que delimita el territorio entre Canadá y Estados Unidos.

Cada minuto caen 336 mil metros cúbicos de agua en el río Niágara desde el lago Erie. Las grandes cataratas del lado canadiense están acompañadas por dos de tamaño mediano y pequeño que caen desde el lado estadunidense. Se les conoce como cataratas "americanas" y la de la "Luna".

En Niágara la principal avenida es Clifton Hill, conocida como la calle de la diversión, pues en pocas cuadras hay un sinfín de atracciones, desde las tradicionales casa de espantos, casa de espejos y una gran rueda de la fortuna de 53 metros.

Los museos de cera, de lo increíble de Ripley y del récord de Guinness, hasta atracciones con rayos láser, cines donde la acción llega hasta las butacas y, lo más novedoso, la pista de go kart Speedway Niagara.

Además esta calle, que simula a una de Las Vegas, cuenta con un set de minigolf, una atracción para eliminar fantasmas (ghostblaster) y otra para matar zombies, juego de boliche, maquinitas de la suerte y hasta una casa al revés.

Otra de las atracciones es la tienda que ofrece una copia en cera de la mano del visitante, la cual es pintada con vivos colores y barnizada.

El gran parque de diversiones Marineland ofrece espectáculos con delfines, belugas y focas, así como la oportunidad de ver "a cuerpo completo" la inmensa ballena orca. Otros animales de este parque-zoológico son osos negros y venados.

Los juegos mecánicos están divididos en sección familiar y sección para adultos, donde la principal atracción y reto es subirse al Marineland Sky Screemer, una torre de 132.2 metros de altura con tres postes, desde los que se deslizan a 96 kilómetros por hora los valientes visitantes.

La Niágara canadiense ofrece también una gran diversión para el público adulto a través de los casinos, que cuentan con todas las máquinas tragamonedas y tableros de la suerte, además de disfrutar de una gran variedad de comida.

Y por si fuera poco mojarse en las diversiones cerca de las cataratas, como el barco que ofrece mirarlas "cara a cara" o verlas desde un costado, volar sobre ellas o mojarse en uno de los "rápidos" sobre el río Niágara, la ciudad cuenta con un parque acuático, Fallsview Indoor Waterpark, que tiene toboganes, alberca de olas y áreas de juego.

La diversión en Niágara no termina con la caída del Sol. Por la noche las cataratas se iluminan de colores cambiantes y en punto de las 10 de la noche comienzan los fuegos artificiales.

En la Niágara canadiense la diversión está garantizada. La política antiinmigrante de la actual administración estadunidense se queda del otro lado del río. Del lado canadiense los musulmanes, latinos, indios, asiáticos y blancos conviven por igual, hacen fila juntos y comparten la misma diversión. Aquí pareciera que no importa el color de piel de los visitantes.