El escritor y promotor cultural Paco Ignacio Taibo ll hizo un ejercicio de memoria para revivir los años de juventud de su padre cuando en busca de la libertad, Paco Ignacio Taibo I tomó la aventura de convertirse en ciclista profesional y cronista deportivo; “de ambas empresas supo salir victorioso”, aseguró el orgulloso hijo.

Al mismo tiempo escribió otra historia breve en la que un grupo de supuestos campesinos italianos llega a Veracruz durante la época porfirista; tienen varias habilidades, entre ellos hay cirqueros, filósofos y hasta cazadores de conejos, pero no saben cultivar la tierra. Uno de ellos, “Lucio”, comete un pecado que 80 años después lo obliga a regresar a su natal Nápoles.

La primera remembranza familiar se llama “La libertad, la bicicleta” y la segunda que no es sino “un relato fugaz con reminiscencias históricas y sociales”, tiene por título “El olor de las magnolias”. Las dos novelas cortas completan un mismo volumen, el más reciente publicado por Paco Ignacio Taibo II, nacido en Gijón, España, el 11 de enero de 1949.

Entrevistado por Notimex en el estimulante silencio de su hogar en la Ciudad de México, frente a su inmensa “Pacoteca”, un sobrio librero en el que descansan sus más de 70 obras en distintos géneros literarios publicadas en 28 países, el autor de la biografía más leída sobre el guerrillero Ernesto “Che” Guevara encendió un cigarrillo tras otro mientras comentaba emocionado:

“La libertad, la bicicleta”, que oscila entre reportaje y crónica, apela a su memoria sobre la experiencia que vivieron sus padres, muy significativa pero que no había podido escribir porque le faltaba un elemento.

“Mi padre de 30 años, periodista en la España franquista, sufría la censura, y todo eso se cuenta desde su perspectiva y la mía, siendo yo un niño”, expuso Taibo. “El Jefe” halló la fuga a la libertad al volverse cronista deportivo, aunque no sabía nada de deportes ni sabía andar en bicicleta.

“Descubrió ahí un espacio de libertad donde poder hacer un periodismo mucho más libre, aunque siempre con la presencia de un régimen autoritario; durante cuatro años de su vida recorrió carreteras cubriendo vueltas ciclistas”, abundó.

Esa aventura lo llevó a seguir diversas competencias de hasta 20 días, hasta llegar a la gran vuelta ciclista del mundo que es el Tour de Francia.

Sin embargo, un accidente lo puso al borde de la muerte mientras cubría una carrera; vivió de milagro y ahí cerró ese capítulo, reunió a la familia y con su voz enérgica dijo: “Nos vamos a México, todos”.

De esa forma, recuerda el entrevistado, padres, niños, cuñados, el abuelo, la abuela, las tías, toda la familia protagonizó una migración masiva a la búsqueda de otra forma de libertad.

“Cerró de tal manera ese capítulo de su vida, que nunca más volvió a escribir de ciclismo. Yo tenía muchos recuerdos de infancia que no quería que se me desgastaran”, comentó Paco Ignacio.

Guardó desde esos años mozos cosas que su padre comentó sobre esos cuatro años de su vida, pero le faltaba un elemento. El milagro se hizo cuando al morir su progenitor, su mamá le entregó tres álbumes con fotografías y recortes, pero faltaba la gran mayoría de sus crónicas porque los periódicos donde las publicó no tienen sus archivos históricos en la Internet.

Consecuentemente, Paco Ignacio Taibo II no alcanzaba a tener la dimensión exacta de la historia. Ese elemento que le faltaba lo buscó en bibliotecas provinciales a las que acudió durante año y medio, casi dos, en busca de las crónicas deportivas de su padre; “acudí a la hemeroteca de El Comercio de Gijón, y hasta entonces tuve toda la historia”.

Los recuerdos se desgastan, se agotan y llega un momento en que cuesta más trabajo recuperar datos importantes del pasado; por eso el escritor “se dio una beca” de aproximadamente 10 días para hurgar en el diario El Comercio de Gijón.

Paralelamente, tenía una novela corta, empezada hace 20 años que no terminaba de escribir, sobre unos campesinos italianos que llegan a Veracruz en 1900, convocado por Porfirio Díaz para poblar comunidades europeas en “zonas conflictivas indígenas”.

Con esa historia, Taibo II inventó lo que pasaba en esos años y lo cuenta desde tres puntos de vista: el de un adolescente que llega en esa expedición, el de su regreso a Italia 80 años después y el de las mujeres en los balcones de Nápoles que completan la historia.

Ambos textos fueron concluidos por el escritor al mismo tiempo y una vez presentados a sus editores, Estos decidieron publicarlos en un solo volumen, con el objetivo de abatir costos y llegar a más lectores.

De esa forma, “La libertad, la bicicleta” y “El olor de las magnolias” recuerdan los años en que el público gozaba dos tandas por un boleto.

“Son dos libros absolutamente diferentes: uno de memorias, de la historia misteriosa por la cual mi padre encontró en el ciclismo profesional una ruta de libertad, que hasta hoy nadie conoce porque ya en México se dedicó a escribir sobre información general y sobre temas culturales; el otro libro es una novela histórica, llena de aventuras y de política”, resumió.