Uno de los retos que enfrentará la ciencia para impulsar la innovación que tanto requiere el país, es lograr establecer ese canal de comunicación que acerque el conocimiento a los diversos sectores productivos del país.

La investigadora del Centro de Investigaciones Biológicas del Noreste (CIBNOR), Gracia Gómez, expuso lo anterior en el marco de la Convención AMSAC 2018, donde uno de los temas que prevaleció fue el papel de la innovación y la ciencia como herramientas para producir más y mejores productos.

En entrevista con Notimex, la investigadora reconoció que uno de los problemas que se viven en México es que quienes trabajan en ciencia investigan y publican información solo para científicos, mientras que quienes pueden apoyarse en ella simplemente no lo hacen porque la sienten lejana.

“Si vemos el esquema tradicional de un científico, está hecho para publicar información científica y generar estudiantes con el mismo perfil y que fomentaran la investigación, lo que se tradujo en grandes avances para la ciencia”, explicó.

Sin embargo, con el paso del tiempo las necesidades fueron cambiando y ahora los egresados ya no tienen fácilmente un lugar donde ser empleados porque los laboratorios, centros de investigación y universidades no tienen plazas.

Fue este hecho el que impulsó a la doctora, en conjunto con un grupo de investigadores, a establecer una empresa multidisciplinaria denominada Grupo T y que desde hace algunos años ha trabajado en proyectos concretos para dar soluciones accesibles en el campo de la medicina y la agroalimentación.

El objetivo, es comenzar a impulsar un nuevo esquema de formación de científicos que no solo se limiten a investigar y teorizar, sino que también se metan al campo de trabajo a investigar qué es lo que necesita la gente y cómo resolverlo.

Desde luego, Gracia Gómez recordó que el primer proyecto que desarrollaron lo hicieron cometiendo el mismo error que estaban buscando evitar, que es “aplicar la ciencia como nosotros creíamos que el sector necesitaba que la aplicaran”.

El resultado fue un proyecto que “ni yo misma me compraría”, porque no era algo real, comentó sonriendo al recordar la experiencia que terminó en un proyecto fallido.

Fue gracias a esta experiencia que descubrieron que un primer paso para lograr un proyecto que si funcione es acudir al nicho donde existe una necesidad y a partir de la información que se obtenga, elaborar un proyecto que dé respuesta a dicha necesidad.

Para ello, la doctora reconoció lo importante que es establecer un canal de comunicación que genere empatía entre el investigador científico y el productor o trabajador, ya que a partir de ahí se pueden realizar proyectos basados en una realidad tangible.

Desde luego, reconoció que hacer esto implica romper una serie de paradigmas y que implica cambiar la forma de enseñar en ciencia, de manera que los estudiantes que egresen de una carrera científica “no solo sean investigadores, sino también innovadores”.

En ese sentido, reconoció que desafortunadamente de todos los estudiantes que llegan con una maestría a estudiar un doctorado en el CIBNOR, solo el 0.01 por ciento es innovador o se mantiene innovador “creyendo en lo que puede hacer”.

Y esa es la clave para las nuevas generaciones de científicos, lograr cambiar la forma de hacer ciencia para que deje de ser simplemente una serie de teorías y se convierta en una ciencia práctica, de acciones, proyectos y resultados.

Desde luego, reconoció que para ello hay que solventar todavía una serie de obstáculos y que muchas veces son los que hacen que un investigador “no se anime a innovar, ya que resulta más fácil investigar y opinar sobre lo que se investiga que hace realidad un proyecto surgido de una investigación”.

Recordó que precisamente uno de los proyectos que logro desarrollar en Grupo T fue un kit que permitía detectar transgénicos a nivel molecular “y quisimos regalar el proyecto al Senasica, pero las cosas no funcionan así”.

Explicó que en realidad para poder poner en marcha un proyecto, primero hay que patentarlo, luego certificarlo y solo hasta entonces se puede ofrecer a un grupo o empresa, lo cual resulta un camino muy largo y penoso, “por eso muchos prefieren solo investigar y publicar sus investigaciones”.

El verdadero reto, dijo, “es exponer el trabajo, demostrar que funciona y que la gente lo pruebe para que la gente misma diga que si funciona. Desde luego, este tipo de ciencia te expone mucho, porque si a un productor no le funciona, inmediatamente se lo dice a los demás”.

Desde luego, la investigadora aseguró que este tipo de ciencia también permite acercar la tecnología a la gente que en condiciones normales pensaría que “la ciencia es cara”, demostrando que en realidad la ciencia es accesible para todos.

Así, Grupo T ofrece actualmente una serie de propuestas como mapeos genéticos, estudios moleculares y elabora kits para implementar en el diagnóstico para detectar cáncer u otras enfermedades así como la detección de invasión de plagas o enfermedades para el sector agrícola, y a precios accesibles.