El exsecretario de Obras Públicas, José López, y el exjuez Norberto Oyarbide, involucrados en causas por corrupción en Argentina, denunciaron que temen por su vida en medio de la conmoción por el avance de las investigaciones contra los pasados gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

López declaró este viernes como parte de la investigación que comenzó en junio de 2016, cuando fue detenido mientras trataba de esconder varias bolsas con 8.9 millones de dólares en efectivo y armas en un convento, con la ayuda de varias monjas.

“Ese dinero era de personas vinculadas a la política de las cuales no puedo hablar, no es una persona, sino varias. Yo mismo no sé quiénes son todos y no puedo saberlo, no puedo explicar el contenido de los bolsos por el riesgo que corremos mi familia y yo", aseguró.

El exfuncionario explicó ante el tribunal que lo investiga por enriquecimiento ilícito que “la diligencia consistía en que debía trasladar los bolsos al convento, que yo conocía, entendiendo que a partir de allí se los iba a ir retirando".

Por su parte, Oyarbide, quien está acusado en otra investigación judicial en la que se le acusa de haber formado parte de una asociación ilícita encabezada por el matrimonio Kirchner, incluso lloró en un programa de radio al revelar sus temores.

“Estoy muy mal, si me quieren matar, que me maten, ojalá lo escuche el presidente (Mauricio Macri)”, dijo Oyarbide, quien dejó de ser magistrado acosado por los juicios de destitución que lo acosaban debido a su mal desempeño y desprestigio como juez.

En su declaración, afirmó que en 2010 cerró la causa por enriquecimiento ilícito que había en contra del matrimonio presidencial por presiones del propio gobierno que en ese momento ya encabezaba Cristina Fernández.

"Estoy diciendo cosas de una gravedad importante. Tengo conciencia de la gravedad de las cosas que estoy diciendo. No soporto más esto”, dijo.

De acuerdo con su versión, las presiones las recibió por parte de Jaime Stiuso, un exespía y uno de los personajes más misteriosos de la política argentina, y Javier Fernández, ex auditor general, quienes “en nombre de Néstor y Cristina Kirchner me pidieron celeridad en la causa de enriquecimiento ilícito".

Oyarbide está acusado de haber recibido sobornos para cerrar investigaciones incómodas contra los Kirchner, causa que comenzó gracias a ocho cuadernos de Oscar Centeno, quien durante más de una década fue chofer de Roberto Baratta, uno de los exfuncionarios más influyentes de los gobiernos kirchneristas.

En esas páginas, que un amigo de Centeno entregó a un periodista de La Nación y éste al fiscal Carlos Stornelli, el chofer registró, al mejor estilo de los servicios de espionaje, a dónde, cuándo y con quiénes llevaba a Baratta a recoger sobornos que los empresarios pagaban en efectivo.

De acuerdo con las anotaciones, Baratta recolectó durante más de una década unos 35.6 millones de dólares y la mayoría del dinero terminó en manos de los Kirchner.