El régimen de deportaciones masivas implementado en Estados Unidos constituye una forma de violencia promovida por un Estado que busca deshumanizar, lo que socava las pretensiones democráticas estadunidenses, según el académico británico David Brotherton.

El sociólogo, adscrito a la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), expresó que las políticas migratorias aplicadas por el gobierno actual en Estados Unidas no buscan el bien común, sino subyugar a una población especialmente vulnerable.

“Tales políticas y prácticas apuntan a deshumanizar, desorientar, distraer, aterrorizar, humillar e intimidar”, escribió Brotherton en el texto “Destierro social y el extranjero criminal en Estados Unidos”, publicado este año por el Instituto de Estudios Políticos de París.

Autor de más de media docena de libros sobre migración, Brotherton añadió que la deshumanización y la intimidación de las medidas migratorias en Estados Unidos no son las “consecuencias fortuitas de políticas en otros sentidos racionales y pensadas que busquen el bien común”.

Precisó que las deportaciones masivas llevadas a cabo por Estados Unidos, al menos desde la presidencia de Barack Obama, se pueden entender como “una masiva transgresión de los derechos humanos”.

Asimismo, dado que la mayoría de las deportaciones son de personas de color (latinos, caribeños, africanos y asiáticos) estas políticas pueden entenderse como “actos raciales de violencia de Estado”, de acuerdo con Brotherton.

“Estos peligrosos e intensos actos patrocinado por el Estado son reflejo de una sociedad que voluntariamente socava sus propias pretensiones de ser un modelo de democracia”, fustigó Brotherton.

En un panel sobre migración organizado este miércoles en CUNY, Brotherton indicó que Estados Unidos es una paradoja debido a que al tiempo que es un país que recibe alrededor de un millón de migrantes al año también deporta cientos de miles de individuos.

En entrevista con Notimex, Brotherton señaló que la característica del “régimen de deportación” encabezado por el gobierno de Donald Trump es que la violencia y las agresiones son ahora más descaradas, al igual que la retórica utilizada para satanizar a los migrantes.

Las políticas migratorias implementadas por el actual gobierno tienen como fin “castigar” un mal imaginario cometido por los migrantes, una idea que ejerce un enorme poder emocional sobre los simpatizantes del presidente Trump.

Esos “castigos” infligidos a personas “ilegales” incluyen la “desaparición forzada” de migrantes sin documentos, que pueden ser detenidos durante años en centros privados de detención, así como la deportación a zonas donde sufrirán violencia, hambre y probablemente muerte.

Brotherton aseveró que estas políticas de deportación masiva suceden en el contexto de 30 años de políticas neoliberales que han aumentado la desigualdad en el mundo. Para mantener ese orden social basado en la desigualdad es preciso contar con controles de minorías no favorecidas, según Brotherton.

“Para mantener a la gente en su lugar necesitas una industria de seguridad masiva, y el régimen de deportación es parte de ese aparato de seguridad global”, sostuvo Brotherton.

En ese sentido, Phillip Kasinitz, sociólogo de CUNY y también autor de media docena de libros sobre migración, declaró en su participación que resulta paradójico que Estados Unidos aplique actualmente duras políticas contra migrantes cuando el crimen se ubica en bajísimos niveles históricos.

Kasinitz sugirió que dado que el crimen apunta a la baja, la racionalidad de implementar férreas políticas migratorias es mantener llenos los centros de detención de migrantes, construidos y administrados en su mayoría por los dos mismos poderosos consorcios que construyen prisiones.

Mientras tanto, Nancy Foner, otra socióloga de CUNY experta en migración, resaltó que los estudios apuntan a que los migrantes cometen menos crímenes que los estadunidenses nativos y que, incluso, en comunidades con mayor número de migrantes desciende la comisión de delitos.