Con la pretensión de ofrecer un libro tan interesante que en las primeras líneas atrape al lector, que aborde temas cotidianos en ambientes comunes al grueso de las personas para que sin darse cuenta traspasen la delgada línea que divide a la ficción a la vida real, Francisco J. Cortina escribió, y ahora promueve, el libro “11:53”.

Abogado y escritor, Cortina dio rienda suelta a su creatividad literaria también con la idea de ofrecer competencia a las redes sociales, para involucrar al lector en las decisiones de los personajes, y para que tras la lectura completa del libro, en su cabeza siga la reflexión sobre la historia y cómo le gustaría que termine; todo, con un lenguaje claro y cotidiano.

Así, informó a Notimex en entrevista, entrega tres narraciones aparentemente distintas entre sí, pero que tienen algo en común: los protagonistas, todos individuos comunes y corrientes, enfrentados a una situación que parece superarlos, muestran que pueden ser héroes cuando la existencia plantea un desafío extraño e inesperado.

“Sin usar un lenguaje elegante ni superficial, las historias llevan siempre humor y amor en dosis equilibradas, por dramáticas que sean las situaciones. Para lograr el objetivo, mantengo la atención y la tensión del lector, y procuro interesarlo porque el ser humano es curioso por naturaleza, y si es lector, más; le doy lo que quiere, pero no como quiere”.

Al autor le gusta dar sorpresas y giros imprevistos en cada narración. Antes de “11:53” Cortina publicó su primera novela, “La chica IBM” (2012) seguida de “Puerta Santa Fe”, también novela. “Encaminó las situaciones y con ellas arrastró al lector hacia un lado y luego hacia otro; un libro puede tener muchas fallas, pero nunca debe ser previsible”.

Desde su perspectiva de autor, sobre todo de lector consumado, en segundo lugar un libro debe ser congruente, con personajes tan reales que se sientan cercanos, y en este caso, los de “11:53” son personajes muy humanos, con reacciones como las que cualquier persona tendría ante situaciones extraordinarias, como las que se enfrentan en el libro.

Cada historia de Cortina tiene su propio escenario: Un atentado en el aeropuerto “Charles de Gaulle” de París lleva a un abogado a demostrar de lo que es capaz quien ya no tiene nada que perder; una mujer se escapa de la violencia doméstica y los atavismos culturales en un pueblo campesino para descubrir que es imposible huir del pasado; el asalto a un restaurante se sale de control y se transforma en pesadilla que obliga a uno de los rehenes a rebelarse.

A las 11:53 cambia por completo el destino de los protagonistas. Cada quien tiene la libertad de tomar sus decisiones, pero hay algo de cierto en lo que dice la mitología griega en el sentido de que, desde arriba, los Dioses juegan con los humanos moviéndolos de un lado a otro como con hilos, a su total antojo.

“El destino nos condiciona a todos nosotros. Uno sale de la casa, de la oficina, de la escuela o de donde sea, y a partir de la puerta puede caminar hacia la izquierda o hacia la derecha; sea cual sea la dirección que sea, su destino será distinto a cómo habría sido si tomara la dirección contraria; esa decisión cambia la vida, para bien o para mal”, dijo el autor.

En “11:53”, el destino impacta en las tres historias. Igualmente, en cada una de ellas hay un común denominador, que es un hecho violento, así como amor y humor, pero además, al inicio de cada historia el lector curioso va a encontrar una promesa del autor, que él mismo espera haber llegado a cumplir satisfactoriamente, como lo mencionó a Notimex.

Subrayó el manejo de la violencia, que no es una apología ni la violencia por sí misma. Entra como consecuencia propia de la sociedad actual, y ayuda a mostrar a los personajes y las situaciones, así como a introducir al lector en cada trama y a esperar su reacción. “El libro mueve emociones, hace enojar, pone contento, hace suspirar y reír”.