Desde niño, Alejandro Paz se sintió atraído por la música, con su hermano como modelo y siempre luchando a contracorriente, hace 15 años logró convertirse en todo un artista de la trompeta y hoy, forma parte del grupo Sr. Swing, que derrama su alegría en el Centro Histórico con melodías tan risueñas como contagiosas.

Hace más de 12 años conquista la simpatía, la admiración y las monedas de los miles de transeúntes que caminan por la Avenida 16 de Septiembre. Optimista y orgulloso de ocupar una calle importante de la ciudad más grande del mundo, en un día ni bueno ni malo, “se hace” hasta 200 pesos, cantidad que si no lo ha hecho rico, sí le permite vivir.

La gente que camina por esa calle se detiene a escuchar su música, sin que aparentemente le importe si lleva prisa o si tiene tiempo de sobra. Las notas que los instrumentos elevan hasta el cielo “jalan” al transeúnte, quien por lo regular con sonrisa a flor de piel, poco a poco se acerca para ver quiénes son esos artistas de tocan bien y al mismo tiempo, bonito.

Alejandro Paz es un músico profesional, con estudios académicos realizados en las aulas de la Escuela de la Música Mexicana de esta ciudad. Toca la trompeta, “el más cansado de todos los instrumentos, porque duele la cara y uno se cansa de soplar”. Su satisfacción es dar alegría musical a quien lo escucha. Además, Sr. Swing ya tiene un CD grabado.

Junto con el entrevistado, la banda está integrada por Vladimir Zárate (guitarra), José Mondragón (clarinete), Sergio Carrera (bajo eléctrico) y Ángel Rodríguez (percusiones y batería) y ocasionalmente los acompaña camaradas como Ricardo Arenas, César “Sax”, Vicente Martínez (bajo) y otros más, quienes han creado una verdadera fraternidad.

A sus 40 años, de los cuales 35 ha dedicado a la música, “Alex”, como cariñosamente lo llaman su público y sus amigos, reveló a Notimex sus inicios en el arte. “Mi hermano es un melómano consumado, y entre la música que él escuchaba y las lecturas que me fue acercando, crecí entre discos, instrumentos musicales y muchos libros”, rememoró.

A través de escribir y componer canciones, halló la forma de expresar lo que él llevaba adentro, sus vivencias de adolescente le dieron material literario que pronto convirtió en canciones. “Con el paso del tiempo conocí maestros que me guiaron, y estudié en la Casa de la Música Mexicana y una vez egresado de ahí, he tomado nuevos cursos y talleres”.

Con estudios de solfeo, armonía, se acercó a la trompeta, gusto latente desde que estudió la Secundaria en la Academia Militarizada México (AMM) en cuya banda de guerra tocaba la corneta. “En la Casa de la Música quería aprender de todo, pero me decidí por la trompeta, aunque los músicos sabemos que los instrumentos lo escogen a uno”, dijo.

“Alex” considera que el trabajo del músico en las calles de México se ha profesionalizado en las últimas décadas; ya no es el músico triste, abatido, quien con su guitarra u otro instrumento bajo el brazo, ofrecía su arte ante la mirada piadosa de la gente. Hoy músicos de carrera han tomado las calles con toda dignidad y son vistos con admiración y respeto.

“Los músicos de hoy buscamos generar el autoempleo y conquistar espacios. La falta de un empleo formal no es motivo para dejar a un lado tantos años de estudio ni el gran amor que tenemos por la música. A través de los años, he pulido la técnica interpretativa y mejorado el ejercicio diario, ampliado el repertorio y aumentado las horas de ensayo”.

La anécdota se asomó inevitablemente: “Las primeras veces que salí a la calle fue con un amigo bajista y un guitarrista. Un día, en la colonia Condesa, entramos a un restaurante y comenzamos a tocar, pero como la trompeta es muy cansada, no aguanté más que un fragmento de canción, tocamos horrible y salimos huyendo de ese lugar, llenos de pena”.

Recordó que algunas personas, atónitas, quisieron darles algunas monedas, pero eso hizo que la vergüenza creciera y corrieron todavía más rápido para alejarse de ese escenario. “Esa situación me dejó el aprendizaje de que toda canción se debe preparar a conciencia antes de darla al público”, dijo. Ahora, “Alex” puede tocar horas casi sin parar de tocar.

Actualmente, toca con Sr. Swing, banda con la que cultiva el jazz, blues, dixieland, swing francés y otros géneros en los que la improvisación y la alegría son constantes, por eso la gente hasta baila con sus interpretaciones y no ha faltado quien los contrate para ir a amenizar una fiesta o para participar en algún evento importante en foros de prestigio.

“No hay público ni escenario mayor o menor, es el artista quien convence y conquista o no a quien lo escucha; en la calle 16 de Septiembre, espacio público de la ciudad, estamos diariamente durante tres horas aproximadamente, poco tiempo porque también debemos respeto a los locatarios y a otros compañeros que también quieren tocar en esta calle”.

Añadió que Sr. Swing pertenece a un colectivo, junto con unos 60 músicos entre cantantes de ópera y de música popular, violinistas, chelistas y otros más, que cumplen con calidad evidente. En su caso, “nuestra propuesta musical no es común en las calles… a pesar de ser un género que nació en la calle”.