Con un simple golpe en la punta del falange, las personas pueden padecer el dedo en martillo, una deformidad que se da cuando el tendón que endereza (extensor) se daña y el tendón se separa del hueso.

Si no se considera y se trata de manera adecuada, ocasiona inflamación en las articulaciones, lesiones de los vasos sanguíneos o cicatrices dolorosas. De no tratarse, podría desarrollarse la llamada distrofia simpática refleja, un trastorno de los nervios y los vasos sanguíneos del dedo afectado.

Jorge Alan Galaviz Ortega, traumatólogo del Centro de Investigación y Docencia en Ciencias de la Salud (CIDOCS) de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), explicó que un dedo en martillo es que la punta de las falanges se cae: no se puede enderezar por sí sola.

Aunque este daño puede ser diagnosticado con un simple examen médico, es necesario realizar radiografías para descartar que el hueso tenga daños, y entonces determinar el tratamiento para evitar un procedimiento quirúrgico.

En un comunicado emitido por la UAS, el traumatólogo universitario destacó la importancia de diagnosticar esta complicación de manera inmediata al incidente.

Una vez que aparece la lesión, las personas deben aplicar hielo de inmediato y mantener la mano en alto apuntando la mano al techo, para después acudir al especialista a fin de que entablille el dedo porque se requiere inmovilizar el dedo al menos seis semanas.

En este tiempo, es posible que el dedo restablezca su función y recobre una apariencia aceptable.

Cuando el dedo presenta una mala alineación articular, se usan pequeños tornillos para sujetar el fragmento óseo y realinear la articulación.