La canciller federal de Alemania, Angela Merkel, se juega hoy y la próxima semana la defensa de la postura de su país ante la Unión Europea (UE) en materia de política migratoria y también la supervivencia de su propio gobierno de coalición.

Merkel acudió este día a la reunión informal de Bruselas, en la que participaron 16 de los 28 países miembros de la Unión Europea (UE), bajo la presión de avanzar en la búsqueda de una política migratoria y de asilo común, misma que estará en el foco el jueves y viernes próximos en la cumbre europea.  

Pero la canciller federal alemana no solo se juega la defensa de la postura de su país en esta meteria, sino la supervivencia de su propio gobierno de coalición, ya que en esa fecha vence el plazo que tiene para evitar una crisis de política interna que podría acabar con su gobierno instalado tres meses después de arduas negociaciones desde las elecciones de septiembre de 2017. 

La coalición actual del gobierno alemán, que se sustenta entre el partido de Merkel, la Unión Democristiana (CDU), su partido hermano bávaro, la Unión Social Cristiana (CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD), está nuevamente en peligro por el tema migratorio.

Y ha sido precisamente la CSU el partido que ha puesto en la encrucijada al gobierno de Merkel. El líder bávaro y actual ministro del Interior del gobierno de coalición, Horst Seehofer, lanzó un plan para expulsar en forma directa en la frontera a todo migrante que haya sido registrado antes en otro país europeo.

Merkel aboga por una distribución equitativa de refugiados en los países de la UE y por una solución europea consensuada a la cuestión migratoria desde que estalló la crisis con la llegada masiva a Alemania de casi un millón de inmigrantes en el otoño de 2015.

Países del Oriente de Europa, así como Italia y Grecia los dejaron pasar para no tener que acogerlos.

Seehofer le dio a Merkel un plazo hasta la cumbre de la próxima semana para conseguir a nivel europeo objetivos equivalentes a los de su propuesta: que los refugiados no puedan pedir asilo en Alemania si ya están registrados en otro país de entrada.

Si no lo logra, Seehofer amenazó con actuar en solitario en contra de la canciller federal, lo que significaría la ruptura del gobierno. Con esa idea en mente, Merkel llegó este día a Bruselas haciendo hincapié en la dificultad de lograr consensos entre los 28 países de la UE y proponiendo negociar más a nivel bilateral.

Su prioridad es regular de esta manera los llamados “movimientos secundarios”, es decir, los traslados de los migrantes y refugiados ya dentro de territorio europeo. Merkel defendió que los acuerdos a ese nivel benefician a todos los interesados y permiten una mayor agilidad de actuación.

Sin embargo Italia se opone, ya que considera que los movimientos secundarios no son la prioridad y pone el foco en frenar los primarios, es decir, la llegada de los migrantes a territorio comunitario. Casi todos los países están de acuerdo en el refuerzo de las fronteras exteriores de la UE.

La crisis del gobierno alemán y la presión sobre Merkel es tal que incluso algunos líderes europeos protestaron este día porque en la cumbre informal se hablara más de eso que de migración. “No estamos aquí para hablar de problemas internos de Alemania”, llegó a decir el canciller federal austriaco, Sebastian Kurz.

Ya otros países del centro-este de Europa rechazaron asistir este domingo al encuentro al considerar que el centro del mismo era el problema alemán.

La crisis interna de Merkel le está pasando además factura a su partido e impulsando la intención de voto del partido Alternativa para Alemania (AfD), de corte xenófobo y antimigración.

Según un sondeo del instituto Emnid publicado hoy por el dominical “Bild am Sonntag”, la AfD obtendría hoy un 16 por ciento de los votos, un punto más que en las últimas elecciones, mientras los conservadores de la CDU y la CSU perderían dos puntos hasta el 31 por ciento.

Los socialdemócratas se quedan estables en el 18 por ciento mientras los Verdes y el Partido Liberal suben un punto.