Alemania observa con cautela los comicios legislativos y presidenciales quer se celebran hoy en Turquía, que suponen la culminación de un sistema presidencialista que cimenta el poder de Recep Tayyip Erdogan, quien probablemente gane y con quien Berlín ha protagonizado numerosos roces los últimos años.

Alemania y Turquía mantienen desde hace décadas lazos muy especiales: del país del Bósforo proviene la mayor comunidad de inmigrantes del país centroeuropeo con unos tres millones. De ellos, 1.4 millones estaban llamados a las urnas, del conjunto de tres millones de turcos registrados en el extranjero.

Muchos se preguntan estos días cómo influirán las elecciones turcas en la relación con el país centroeuropeo y si cambiarían algo los resultados de los comicios en esa relación bilateral.

El favorito en las presidenciales sigue siendo Erdogan, aunque enfrenta por primera vez una dura competencia y podría verse abocado a someterse a una segunda vuelta electoral el 8 de julio.

En las parlamentarias, la cuestión es si su partido, el Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP), reeditará la mayoría absoluta o si la perderá en la cámara, lo que le dificultaría mucho gobernar en un nuevo sistema en el que ya no existirá la figura del primer ministro, pero en el que la cámara podría bloquear decretos presidenciales.

El AKP corre el riesgo de perder esa mayoría si el prokurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP) supera el diez por ciento de los votos y entra en el Parlamento.

Pocos políticos alemanes se han atrevido a hablar abiertamente de las elecciones turcas. El político de los Verdes Cem Özcemir fue uno de los que consideró posible una derrota de Erdogan y su partido islámico conservador, en declaraciones a un diario regional.

El diario financiero alemán “Handelsblatt” publicó hoy un análisis en el que considera que “da igual quien gane, poco cambiará en la relación bilateral. El gubernamental Partido de la Justicia y Desarrollo de Erdogan renunció en campaña a una disputa directa con Berlín, aunque por motivos electorales.

Por su parte, tanto ese partido como el opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP), de centro izquierda, exigen a Alemania la extradición de los sospechosos de participar en el fallido golpe de Estado contra Erdogan en julio de 2016, que se encuentran en ese país.

Los dos partidos, el gobernante y el opositor, coinciden también en criticar la que consideran una laxitud de trato de las autoridades alemanas contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), considerado terrorista por Turquía y también por la Unión Europea. En esta cuestión no aflojarían ni Erdogan ni el líder del CHP, Muharrem Ince.

La jornada electoral dio sin embargo nuevos dolores de cabeza a Alemania: tres alemanes fueron detenidos en Turquía. Habían sido invitados por el prokurdo HDP para supervisar las elecciones. Al parecer, los dos hombres de Colonia y la mujer de Sajonia Anhalt fueron detenidos en la provincia de Sirnak, en el sureste del país. El Ministerio de Exteriores confirmó las detenciones.

Al parecer no se trataba de observadores electorales de una organización internacional sino de miembros de un grupo de 11 personas de Alemania que viajó a Turquía por petición del HDP para ayudar en la supervisión de la jornada de forma privada.

Se pretendía observar los comicios en una zona donde hay observadores de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

Sin embargo, la policía turca les impidió actuar y detuvo a los tres alemanes.

Recientemente Turquía negó la entrada al país al diputado Andrei Hunko, del Partido La Izquierda, para ejercer como observador de la OSCE. Sí permitió curiosamente la presencia de un observador del partido xenófobo Alternativa para Alemania (AfD), Markus Frohnmaier.

La relación entre Turquía y Alemania empezó a empañarse en junio de 2016, cuando Alemania declaró “genocidio” la persecución sufrida por el pueblo armenio bajo el Imperio otomano. Fue asesinado un millón de armenios. Turquía es la sucesora del Imperio Otomano.

El endurecimiento de la política de Erdogan a raíz del fallido golpe de Estado de 2016 y su avance hacia una república presidencialista para cimentar su poder causó también tensiones con varios países europeos, que tuvieron su punto álgido con el encarcelamiento de ciudadanos europeos, entre ellos alemanes, por motivos políticos.

Sin embargo, Alemania necesita tener una relación cordial con Turquía. Además de los inmigrantes turcos que viven en el país, Turquía es clave para contener la ola de refugiados de Oriente Medio que llegó con fuerza a Alemania en 2016, cuando un millón de refugiados arribó al país.

Turquía exige a Alemania que actúe con más dureza contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, ilegalizado en Turquía, y el movimiento de clérigo islámico Fethullah Güllen, a quien Ankara acusa de estar detrás del fallido golpe de Estado de 2016.

Alemania, por su parte, exige a Turquía que ponga en libertad a los alemanes detenidos por motivos políticos, en el marco de la purga que puso en marcha el presidente Recep Tayyip Erdogan tras ese golpe fallido.

Recientemente, la puesta en libertad de algunos de los alemanes encarcelados fue tomado por el gobierno de Berlín como una señal de distensión y las tensiones parecen haberse calmado en los últimos meses.