Hay malas noticias para los partidarios de la democracia en América Latina, porque si Andrés Manuel López Obrador gana las elecciones en México, planea designar "dinosaurios de política exterior" que no criticarán la dictadura de Venezuela, afirmó el periodista Andrés Oppenheimer.

El tabasqueño es un político populista de izquierda, pero no es un Hugo Chávez o un Fidel Castro, señala en el artículo "Si López Obrador gana las elecciones presidenciales de México, será un revés para la democracia en Venezuela", en el diarioThe Miami Herald.

"De hecho, cuando lo entrevisté cuando era alcalde de la Ciudad de México, tuve la impresión de que tenía poco conocimiento de la política exterior, y no le interesaba", apunta Oppenheimer.

Sin embargo, agrega, recientemente ha dicho que si es elegido presidente, volverá a la política exterior de "vieja no intervención", de la vieja guardia de México en los asuntos de otros países.

El periodista refiere que "no intervención" es la excusa utilizada por los Estados totalitarios como Cuba y Venezuela -así como por los gobiernos autoritarios de México en el siglo XX- para justificar su apoyo a otras dictaduras y para defenderse de las críticas externas a sus abusos contra los derechos humanos.

Oppenheimer recordó que López Obrador anunció recientemente que, de ser elegido, nombraría como secretario de Relaciones Exteriores a Héctor Vasconcelos, un diplomático de carrera que se desempeñó como embajador en Dinamarca, Noruega e Islandia.

Pero Vasconcelos pondría fin al activismo actual de México en los esfuerzos diplomáticos para restaurar la democracia en Venezuela.

El regreso de México a la política exterior "no intervencionista" que descartó hace al menos dos décadas, sería un gran revés para los esfuerzos diplomáticos de América Latina en Venezuela, advierte el periodista.

"Sin México, el Grupo de Lima -14 países importantes que buscan la democracia en Venezuela- perdería a uno de sus miembros más importantes y activos", señala.

Oppenheimer cita al canciller mexicano Luis Videgaray, quien le refirió que el principio de "no intervención" fue comprensible durante la Guerra Fría, y en un momento en que México era un "país pre-democrático", pero hoy ya no está justificado.

En ese momento, México se refugió detrás del concepto de "no intervención" para evitar que otros países critiquen las deficiencias de su propio sistema político, le dijo Videgaray.

Desde los horrores del nazismo y el comunismo en la Segunda Guerra Mundial, el mundo ha evolucionado para aceptar la idea de que los países no pueden permanecer indiferentes a la violación de los derechos básicos en otras naciones, asevera Oppenheimer.

Desafortunadamente, añade, los dinosaurios de política exterior parecen estar regresando, en todas partes.