El oficio de escribir es anterior a las formas que vivimos ahora de productividad económica, y entre sus intenciones hay varias que son rituales y que conectan a la poesía con sus orígenes más antiguos, aseguró esta noche el escritor Alberto Ruy Sánchez.

Durante el ciclo de conferencias magistrales ‘Encuentro con los Premios Nacionales’, organizado por las secretarías de Cultura y de Educación Pública, el autor de títulos como ‘Los nombres del aire’ (1987) y ‘Los demonios de la lengua’, por mencionar algunos, señaló que escribir era obra de chamanes, ‘oficio con funciones múltiples y muy variadas maneras de ejercerse’.

En la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2017 en la categoría Lingüística y Literatura, habló sobre el oficio del escritor, acompañado de la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, Lidia Camacho, quien minutos antes elogió el trabajo literario del escritor.

Ruy Sánchez comentó que cada uno de sus libros y textos, se alimentan abiertamente de las técnicas artesanales, de sus soluciones creativas, "son composiciones cerámicas, imágenes en movimiento, ámbitos que deben dar sentido a la vida".

“En cada uno me he enfrentado a la indeterminación del juego de la palabra, del juego de la vida, en cada uno me he tenido que reinventar, porque además cada cosa que tiene la necesidad de contar, requiere una forma artística que es la suya, cada obra, una forma nueva.

“Todo ello lleva implícita, la enorme distancia con escritores, que conciben cada uno de sus libros como se piensa la producción de una película y sacan un libro cada año. En ese sentido yo no soy un escritor profesional, lo soy en cambio en el sentido de asumir los retos de mi oficio, enfrentarme a ellos de la mejor manera de la que cada vez soy capaz”, dijo.

Y es que para Ruy Sánchez, ‘cada libro es un reto de vida que cuestiona y pone al borde del abismo, todo lo que creo que puedo hacer y toda la relación de mi quehacer con el mundo’.

“Todo lo que soy y lo que creo que puedo, puede estar en cada nuevo libro; pero el proceso de hacer cada uno es para mí literalmente entrar a un laberinto distinto y buscar a tientas la salida.

“Es como entrar a un laberinto y elaborar con mis manos la salida, moldearla y hornearla, lo que implica en el proceso fracasar y cantar de nuevo. Cada libro es una aventura vital del horizonte incierto, es una meta extraña, laberíntica pero no de espaldas al mundo, sino todo lo contrario, en el laberinto de mi soledad, llevo al mundo conmigo, y en la salida del laberinto, yo mismo soy algo del barro modelado por el mundo.

El autor habló sobre el referido galardón, mismo que le fue entregado en días pasados “por su calidad y originalidad literarias en los géneros de narrativa, ensayo y poesía, así como por el carácter universal de su obra y la proyección de la cultura mexicana".

“El Premio Nacional es el mayor reconocimiento que recibe un escritor por su trayectoria, es decir, por el conjunto de sus libros, por el significado de ellos en México, y la invitación a responder a esta distinción con una conferencia en el Palacio de Bellas Artes implica, para mí, la responsabilidad de contar una historia, algunas veces terrible, muchas veces erótica”, dijo.

Y agregó que ello implica compartir públicamente la intimidad de un oficio: sus adversidades y sus placeres, sus múltiples y muchas veces inesperadas complicidades con lectores y, sobre todo, con lectoras.