En la Ciudad de México existen sólo tres grupos femeniles de mariachis, ellas, al igual que en muchas posiciones laborales en el país, han enfrentado discriminación en el sector y se han abierto paso en esta profesión a punta de guitarrazos.

Alejandra Carballido tiene la piel morena y poco más de 30 años de edad, el cabello lo lleva amarrado en una coleta coronada por un enorme y colorido moño rojo, ella, viene de la comunidad de San Bartolo Coyotepec, en Oaxaca, y llegó a la Ciudad de México sólo armada con una guitarra y una pequeña maleta.

En entrevista con Notimex recordó que la pasión por el canto la heredó de su madre y aún sin tener linaje de mariachi como muchos de sus compañeros, poco después de los 20 años de edad decidió ser mariachi.

Así, invitada por una amiga, salió hace unos 13 años por primera vez a la Plaza de Garibaldi, el traje y la guitarra por esos días eran prestados pero las ganas no, después de tres meses de ese primer “palomazo”, volvió a su comunidad a informarle a su madre que sería mariachi.

Al llegar a la Ciudad de México se le abrió un mundo y comenzó a estudiar música, “fue llegar con una maleta, un traje, poquita ropa y mi guitarra a dormir a un colchón en un cuarto a media cuadra de Garibaldi”, su madre tenía miedo que que se embarazara y abandonara sus sueños, a la fecha continúa llevándolos a cabo.

Desde que llegó a la capital mexicana ha vivido muy cerca de la Plaza Garibaldi, y en un principio, tanto ella como sus compañeras sentían rechazo, incluso incredulidad sobre sus habilidades musicales, con el tiempo demostró que toca y canta con la misma fuerza que un mariachi, pero con el temple y tesitura de una voz femenina.

Ataviada con una ceñida falda negra de tintineantes botones plateados a los costados, un saco rojo, botas perfectamente boleadas y un cinturón piteado, Alejandra recordó que ser mariachi le costó en aquellos días tres años de carrera en la Escuela de Mariachis Ollin Yoliztli, en esa misma plaza, en la actualidad, son cuatro años de preparación en esa institución los que se requieren para ser Mariachi.

Ella, cuenta además con especialidad en guitarra, y en su opinión, el principal reto fue demostrar que al igual que sus compañeros también tiene potencia en la voz, buen manejo y dominio no sólo de la guitarra, sino también de la vihuela.

Con el tiempo y años de preparación, y casualmente impulsada por los mismos compañeros que antes la discriminaban, consolidó una agrupación de mujeres, el Mariachi Femenil Amazonas.

El proceso de selección de las integrantes de la agrupación fue complicado, dijo a Notimex al mencionar que en ocasiones son las mismas mujeres las que ponen barreras a otras para su desarrollo, así que muchas de sus compañeras intentaban desalentarla de manera constante, pero ella no cedió y fue fiel a sus objetivos.

Explicó que en Garibaldi hay dos maneras de trabajar, agrupados y “en la maroma”, esta última ofrece una manera más flexible de trabajar y los mariachis son los que deciden su horario de trabajo, las agrupaciones ya consolidadas invitan a quienes lo hacen de manera independiente.

Sin embargo, al ser mujer, tenía problemas a la hora de ser contratada porque sus compañeros pensaban que no sabía tocar o incluso la seleccionaban nada más como “de relleno”, su batalla, dice, “fue conseguir que la gente conociera mi trabajo y que lo respetaran”.

A su vez, añadió que es común que se piense que ser mariachi “es pura tomadera y fiesta, pero es un trabajo como cualquiera la paga es buena si le inviertes, la recompensa es grande y es importante que más mujeres se agreguen a este gremio para difundir de manera digna esta música”.

La fundadora del mariachi femenil Amazonas, que fue parte de los festejos de la tercera edición del programa radiofónico “La Hora del Mariachi”, el pasado 17 de abril en el salón Tenampa, en la Plaza Garibaldi, reconoció que a las mujeres que desempeñan este trabajo les hace falta aportar a la música vernácula.

En ese sentido, explicó que las mujeres mariachis se apegan a la forma de cantar y a las canciones que tocan los hombres y son pocas las que han logrado impactar en el segmento de la música vernácula con la creación de nuevos contenidos.

“Nosotras vamos en el camino, rascándose, agarrándose de las uñas para sostenermos. Aunque si nos gustaría aportar algo a este tipo de música”.

Carballido ha trabajado en la Plaza Garibaldi desde hace 13 años y ha visto con ojos propios la transformación del lugar, desde que años atrás estaba abarrotada de personas hasta la actualidad, en la que con la prohibición de ingesta de bebidas alcohólicas, el trabajo ha bajado de manera considerable por lo que sólo sale a la Plaza como hace más de una década atrás, a echar un palomazo y el trabajo del día a día lo saca mediante contrataciones.