La principal obsesión de Trump

La Ciudad de México estaba ya a la vista, y era el principal objetivo. El 19 y 20 de agosto se produjo la batalla de Contreras, con enormes pérdidas para las fuerzas mexicanas. El 1º de septiembre...

La Ciudad de México estaba ya a la vista, y era el principal objetivo. El 19 y 20 de agosto se produjo la batalla de Contreras, con enormes pérdidas para las fuerzas mexicanas. El 1º de septiembre dieron inicio las negociaciones. Las autoridades mexicanas consideraron inaceptables las duras condiciones impuestas por los agresores, quienes pretendían arrebatar más de la mitad del territorio. Por ello se reiniciaron las acciones bélicas.

El 8 de septiembre tuvieron lugar las batallas de Casa de Mata y Molino del Rey, que abrieron todo el camino a la capital mexicana a las tropas estadunidenses.

El 13 de septiembre se inició la Batalla de Chapultepec, cuyo resultado posibilitó a las fuerzas invasoras apoderarse al día siguiente de la capital del país. En medio de la derrota, emergió para siempre el ejemplo de valentía y sacrificio de los niños cadetes del Colegio Militar que funcionaba en el Castillo de Chapultepec. La bandera estadunidense ondeó en Palacio Nacional. El presidente Polk se ufanó de ello.

El 2 de febrero de 1848 se firmó el ominoso Tratado Guadalupe-Hidalgo, en virtud del cual México fue despojado del 51 por ciento del territorio original del país.

Algunos congresistas estadounidenses se opusieron a este tratado argumentando que “debería aprovecharse la oportunidad de apoderarse de “todo México”. El “Destino manifiesto” era muy elástico. En la concepción de muchos congresistas comprendía ahora “todo México”, y hasta toda la América Central” (Ramiro Guerra Sánchez).

Fidel Castro Ruz en sus Reflexiones tituladas: “Las bases yanquis y la soberanía latinoamericana” del 10 de agosto de 2009 externó lo siguiente: “En 1848 arrebataron a México más del 50% de su territorio, en una guerra de conquista contra el país, militarmente débil, que los llevó a ocupar la capital e imponerle humillantes condiciones de paz.

En el territorio arrebatado estaban las grandes reservas de petróleo y gas que más tarde suministrarían a Estados Unidos durante más de un siglo y lo siguen en parte suministrando”.

Durante los siguientes 5 años, el gobierno de Washington obtuvo nuevos territorios de México, conformando su frontera definitiva con este país. A través de la denominada «Compra de Gadsden», por 10 millones de dólares, México cedió a Estados Unidos la zona conocida como La Mesilla y otros territorios limítrofes, en una cuantía de casi 77 mil kilómetros cuadrados.

El 7 de enero de 1857, en su mensaje anual, el presidente estadunidense James Buchanan expresó: “Está en el destino de nuestra raza extenderse por toda la América del Norte, y esto se realizará dentro de poco tiempo, si los acontecimientos siguen su curso natural. La emigración seguirá hacia el sur, y nadie podrá detenerla. Dentro de poco tiempo, la América Central contendrá una población angloamericana, que trabajará para bien de los indígenas”.

En 1861, el Gobierno Mexicano tenía una deuda impagable, especialmente con Francia, con una historia risible iniciada muchos años antes con la famosa Guerra de los Pasteles. La Ley de suspensión de pagos de ese año fue promulgada el 17 de julio en Palacio Nacional por Benito Juárez, presidente constitucional de México.

El decreto estableció la suspensión de pagos de la deuda mexicana. Este decreto, además de otras razones políticas, económicas y militares, fue una de las razones que propiciaron la Segunda Intervención Francesa en México.

Con la anuencia del secretario de Estado de Estados Unidos, William H. Seward, una poderosa escuadra española, inglesa y francesa bloqueó el puerto de Veracruz para exigirle al gobierno de Benito Juárez (1858-1872) el pago de sus deudas. Acto seguido, con la neutralidad estadunidense, el nuevo emperador francés Napoleón III (1852-1870) inició la ocupación militar del territorio mexicano.

En 1864, el gobierno de Estados Unidos se negó a vender armamentos a las fuerzas patrióticas mexicanas que —encabezadas por Benito Juárez— luchaban contra la monarquía de Maximiliano de Habsburgo, títere del emperador Napoleón III.

El historiador Luis Suárez Salazar dice que “Al propio tiempo, el Ejército y la flota francesa fueron autorizados a abastecerse en territorio estadunidense y la escuadra de ese país protegió el paso por Panamá de las tropas francesas, dirigidas a controlar los puertos mexicanos sobre el Océano Pacífico”

Dos años después, tropas estadunidenses penetraron en México y se apoderaron de El Chamizal. Inmediatamente el Departamento de Estado comenzó a conspirar con Antonio López de Santa Anna, con vistas a desplazar a Benito Juárez del gobierno de México.

Sintiéndose debilitado y desilusionado, pero siempre un patriota ejemplar, Benito Juárez, en un fragmento de una carta enviada a Maximiliano desde Monterrey el 28 de mayo de 1864, le expresa:

“¿Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de sus vicios propios una virtud? Pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad, y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará”.

Muerto Juárez, en 1873 continuaron las incursiones militares estadunidenses en la profundidad del territorio mexicano, realizadas bajo el pretexto de que perseguían “forajidos”.

En 1876, tropas estadunidenses ocuparon la ciudad mexicana de Matamoros en momentos de tensión interna derivada de la sublevación del general y posterior dictador Porfirio Díaz.

A partir de entonces, los estadunidenses se arrogaron la potestad de continuar con las violaciones territoriales de México, supuestamente en la persecución de “bandidos”.

Hoy en día, año 2018, el gobierno estadunidense no ha quitado el ojo del pueblo y territorio mexicanos. Seguimos siendo espiados, perseguidos y amurallados.