La respuesta militar mexicana, dirigida, en su momento, por el presidente Antonio López de Santa Anna, fue calificada por el historiador Manuel Medina Castro como “descolorida, sin relieve. Y para los jefes mexicanos, sin duda, vergonzante”.

La noticia de la falsa "paz" que anuncia la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano. La noticia de la falsa “paz” en el diario Tiempo de México (1844) que anuncia la pérdida de la mitad del territorio mexicano. En realidad, fue más de la mitad.

En el año de 1836 la Convención de Texas proclamó la República. Desde marzo de ese año las fuerzas mexicanas comandadas por Santa Anna cometieron excesos contra la guarnición militar en un sitio que adquirió fama para la posteridad “El Álamo”, que fue pasada por las armas después de haberse rendido tras un sangriento combate.

Este episodio ofreció a los secesionistas encabezados por Houston un eslogan que fue explotado a partir de entonces: “Remember The Alamo” (“Recuerden El Álamo”), intentando dar un contenido ético positivo a sus campañas.

La derrota mexicana en San Jacinto, al mes siguiente, en la que el propio Santa Anna cayó prisionero de Houston, selló definitivamente la pérdida de Texas para México. Los norteamericanos sabían que podían seguir creciendo a costa de nuestro famélico territorio.

Medina Castro escribe y dice: “Santa Anna cayó en manos de Houston. Sigue un capítulo de claudicaciones, que a la memoria repugna recordar […]. A cambio del mendrugo de su vida, el prisionero suscribió tratados rindiendo sus armas y obligándose a gestionar el reconocimiento de la independencia de Texas, con la frontera en el Río Bravo”.

Aquel proceso marcó el denominado “destino manifiesto”, que comenzó a mostrarse como principio político de Estados Unidos desde inicios de la década de 1830, o sea que debía extenderse “por leyes históricas ineludibles, a todas aquellas tierras que parecían marcadas para entrar a formar parte de “la gran República”. La creencia en el “destino manifiesto” justificaba ante las más escrupulosas conciencias estas ambiciones de tierras ajenas” (Ramiro Guerra Sánchez).

Para 1837 la “independencia” de Texas fue reconocida por el gobierno estadunidense tensando aún más las relaciones diplomáticas con México. Su agravamiento posterior provocaría la guerra estadunidense-mexicana y el total desgajamiento del territorio mexicano.

Cinco años después, en 1842, y como muestra del clima psicológico previo a la guerra de rapiña desatada contra México, fuerzas de la Marina de Guerra y del Ejército estadunidense ocuparon temporalmente las ciudades mexicanas de Monterrey y San Diego, en California. Habiéndose apropiado de Texas, se lanzaban ahora hacia la bella costa oeste, California.

Entre enero y febrero de 1845, la Cámara y el Senado de Estados Unidos sancionaron el tratado de anexión de Texas. Fue aprobado el 1º de marzo por el presidente John Tyler, materializándose a finales del año. México declaró interrumpidas las relaciones y acusó a Estados Unidos de “despojar a una nación amiga de una porción considerable de su territorio”, pero México no hizo ninguna declaración de guerra.

Para 1846 el gobierno de Estados Unidos había movilizado sus fuerzas militares y navales atenazando el territorio mexicano desde 1845. En enero de 1846, el nuevo presidente James Polk ordenó al general Zachary Taylor que penetrase hasta la margen oriental del Río Grande, con el objetivo de provocar un enfrentamiento con tropas mexicanas y que buscase el pretexto para declarar la guerra.

Y a partir de entonces se inició, de manera descarada, el intervencionismo, la intrusión, la provocación. Ésta última continúa hasta nuestros días.

Y así, el 25 de abril se produjo el primer choque armado en La Rosita, cerca de la ciudad de Matamoros. El 13 de mayo el gobierno estadunidense declaró la guerra a México. El 7 de julio fue tomado el puerto de Monterrey en la costa del Pacífico por el comodoro John D. Sloat, anunciando la ocupación de toda California.

El 15 de agosto el coronel Stephen W. Kearny tomó posesión del territorio de Nuevo México. Y entre el 21 y el 24 de septiembre las tropas estadunidenses ocuparon la ciudad de Monterrey.

Los norteamericanos ya estaban decididos a continuar con la conquista del país. El puerto de Veracruz significaba un lugar estratégico importante porque había sido y era el principal puerto marítimo de México.

1847 fue un año importantísimo en la historia de ambas naciones. Los días 22 y 23 de febrero tuvo lugar la batalla de Buena Vista, el 29 de marzo la conquista de Veracruz, y el 18 de abril la batalla de Cerro Gordo, que posibilitó a los agresores estadunidenses la rápida conquista de Jalapa y Puebla.