Cuando Texas tenía 47 años de haberse fundado, unas 20 mujeres con visión de futuro, propusieron la creación del Museo de Arte Moderno de Fort Worth (Modern Art Museum of Fort Worth) en 1892.

Se trata de la sala de exposición de arte más antigua del estado y una de las primeras en el oeste de Estados Unidos.

A través del tiempo ha cambiado de nombre y de instalaciones. Primero se le conoció como la Biblioteca Pública de Fort Worth y la Galería de Arte. Su objetivo, en aquel entonces, era el de coleccionar y exhibir arte internacional posterior a 1940, hoy lo sigue haciendo.

Apenas se llega a “The Modern”, como también se le conoce, y ya sobresalen sus paredes de vidrio transparente que abarcan desde el piso hasta el techo. Están enmarcadas por metal y dan la bienvenida al visitante. Es inevitable no sorprenderse por su majestuosidad.

A su alrededor sobresale un espejo de agua. Es un gran estanque, aunque parece un lago rodeado de jardineras y al fondo, dos árboles metálicos unidos. Se trata de la afamada escultura “Conjoined” de Roxy Paine.

El edificio actual fue diseñado por el arquitecto japonés Tadao Ando y se abrió al público el 14 de diciembre de 2002. Se encuentra ubicado en el prestigioso Cultural District de Fort Worth, justo enfrente del Museo de Arte Kimbell y cerca del Museo Amon Carter.

Ya adentro, mirando hacia arriba, se ven sus enormes techos de hormigón en voladizo que dan sombra al exterior del edificio y permiten que ingrese luz natural a las galerías a través de sofisticados sistemas de claraboyas continuas y claristorios.

El edificio cuenta con cinco pabellones largos a lo largo de unos 4 mil 900 metros cuadrados. Cuenta con una de las mejores colecciones de arte moderno y contemporáneo de todo el mundo.

Incluye expresionismo abstracto, arte pop y minimalismo, además del movimiento “New Image Painting” de los años 70 a la fecha.

Cada año, el Museo de Arte Moderno de Fort Worth suele tener entre dos y tres exhibiciones temporales de destacados artistas y otras colecciones de manera permanente y que suman más de 2 mil 600 obras. A la entrada destaca “Top bottom, left to right” o “Gur I”, de Frank Stella.

Unos pasos a la izquierda y luego a la derecha, se ingresa a la primera sala con cuadros de Pablo Picasso, Anselm Kiefer, Robert Motherwell, Susan Rothenberg, Jackson Pollock, Gerhard Richter, William Baziotes, Richard Hamilton, John Chamberlain, Barbara Ess, Francis Bacon, Philip Guston y Yasumasa Morimura, entre otros.

De 1960 resalta “Femme couchée lisant”, del pintor Pablo Picasso y avanzando unos cuantos pasos se llega a la llamativa escalera: “Ladder for Booker T. Washington”, una obra de 1996 de Martin Puryear.

Más adelante, en uno de los espacios detrás de una pared, sobresale el espectáculo del “Kind of blue” de Jenny Holzer. Son luces de led en forma de letra que corren hacia atrás y que van dictando un mensaje que termina por hacer creer que se mezcla con el agua al exterior. En otro momento, se encuentra el “Untitled (1967), de Donald Judd.

Es una pieza de arte minimalista, hecha de acero inoxidable y que utiliza un lenguaje geométrico simple. Abarcando los dos pisos del edificio destaca un personaje de grandes orejas. Se trata del “Self portrait with big ears (Learning to be Free) de Jonathan Borofsky. Muy cerquita de él está un libro con alas: “Book with wings”, de Anselm Kiefer.

La sensualidad de la legendaria Marilyn Monroe también se hace presente a través del cuadro “Twenty-five colored Marilyns” de 1962 creado por Andy Warhol. También luce el “Papst Alexander VI: Die goldene Bulle” (Pope Alexander VI: The Golden Bull), de Anselm Kiefer.

En la parte de arriba, resaltan las obras nuevas del australiano Ron Mueck y que estarán expuestas hasta el 6 de mayo en “El Modern”. Muestra seis esculturas creadas por el artista entre 2008 y 2018.

Son figuras extraordinariamente realistas. Por lo regular, son o más pequeñas o más grandes de lo que aparentan, según la distancia en que se observen. A través de un video que se proyecta en la sala, el visitante puede observar la manera en que Ron Mueck las modela en arcilla.

Después las pone en silicona y pone mucha atención en los detalles, por lo que sorprende aquella de un pollo degollado colgado con las patas amarradas o la de una pareja de ancianos en traje de baño bajo una sombrilla.

Al final del recorrido se puede ingresar a la tienda de souvenirs en la que se hallan postales de las obras y cuadros expuestos, libros, playeras, gorras y todo tipo de recuerdo que contribuya a hacer inolvidable la visita a este recinto esplendoroso.