Cuatro explosiones registradas en lo que va de este mes en Austin, Texas, que provocaron la muerte de dos personas y lesionaron a otras cuatro, han llevado a la policía a reconocer la existencia de un "bombardero en serie".

Las autoridades carecen aún de sospechosos que pudieran estar detrás de los atentados, que han descrito como “un trabajo sofisticado”, e ignoran también cuáles pudieran ser las motivaciones o causas de estos incidentes.

Las primeras tres bombas fueron paquetes que se dejaron en las puertas de las casas de las personas y explotaron. La primera explosión, el 2 de marzo, mató a Anthony Stephan House, un afroamericano de 39 años.

El segundo atentado, registrado el 12 de marzo, mató a Draylen Mason, un adolescente también afroamericano de 17 años, y dejó lesionada a su madre de 40 años. La tercera explosión ocurrió también el 12 de marzo y lesionó gravemente a una mujer hispana de 75 años.

La más reciente explosión, registrada la noche del domingo en un barrio del suroeste de Austin, fue diferente a las anteriores. En este caso la bomba fue colocada a un lado de una calle y aparentemente detonó cuando dos jóvenes que circulaban en bicicleta tropezaron sin saberlo con un cable que la activaba.

Los dos jóvenes, de 23 y 24 años resultaron con lesiones graves, pero que no ponen en peligro sus vidas. El hecho de que las víctimas en los tres primeros atentados fueran todas miembros de minorías, motivó a las autoridades a sospechar la posibilidad de que se tratara de crímenes motivados por odio racial.

Sin embargo, los jóvenes lesionados por la bomba que estalló el domingo son de origen anglosajón. El Departamento de Policía de Austin ofrece una recompensa de 100 mil dólares y la Oficina del gobernador de Texas otros 15 mil, por información que conduzca al arresto de la persona o personas responsables.

El jefe interino de la policía de Austin, Brian Manley, dijo en conferencia de prensa este lunes que los residentes no sólo deben evitar paquetes, mochilas o bolsas sospechosas, sino también evitar moverlos, debido a la posibilidad de pudieran explotar.

Manley pidió a los residentes de Austin llamar al número de emergencia 911 en caso de toparse con algún paquete sospechoso, y las autoridades acudirán a revisarlo con la ayuda de perros detectores de bombas.

La policía de Austin es auxiliada en la investigación por personal de las policías de San Antonio y Houston, además de 500 agentes federales, incluidos 350 de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).

El gobernador de Texas, Greg Abbott, anunció que su oficina le dará dinero a la policía para comprar siete sistemas portátiles de rayos X para inspeccionar paquetes sospechosos en Austin.

Los investigadores ya están usando algunos sistemas de rayos X para la detección de bombas mientras responden a llamadas de paquetes sospechosas. La oficina de Abbott proporcionará 265 mil dólares para comprar más.