Despojarse de los zapatos, guardar el celular, y cubrirse los hombros y rodillas, son parte de las reglas que los visitantes al Baps Shri Swaminarayan Mandir, en Houston, deben seguir para poder ingresar a este palacio hindú, un lugar lleno de amor, paz y armonía.

Bastan unos cuantos minutos para salir de la ciudad de concreto como lo es el Dowtown de Houston, en Texas, y poder arribar a este sitio ubicado en el 1150, Brand Lane, en Stafford, para conectarse consigo mismo en esta enorme pieza arquitectónica ubicada en un terreno de 22 acres, muestra del poder humano motivado por sus deidades.

Aunque este mandir (templo) es un lugar de trabajo para la comunidad hindú, el primero de su tipo en América del Norte, construido con base a las antiguas escrituras de arquitectura de la India que datan de hace cinco mil años, también recibe a los visitantes y estadunidenses que quieran adentrarse en su cultura.

El palacio, inaugurado en julio de 2014 por el líder espiritual Swami Maharaj, se conforma por 34 mil piezas de piedra armadas como rompecabezas en 3-D por voluntarios y artesanos locales.

El mármol usado para su construcción fue extraído de Carrara, en Italia, y la piedra caliza proviene de Turquía, material enviado a la India, en donde alrededor de dos mil artesanos tradicionales se encargaron de esculpir las piezas a mano para luego trasladarlas a Estados Unidos.

“El mandir es una casa sagrada de Dios y un lugar de culto diario. En interés de preservar su santidad y asegurar que los trabajadores puedan disfrutar del ambiente espiritual, todos los visitantes deben cumplir con las siguientes pautas”, indica un letrero que da la bienvenida.

Expone que todo el campus es un lugar libre de humo, por lo que no se puede fumar; tampoco está permitido el acceso con alimentos o bebidas adentro del palacio; sin embargo, antes de su visita, o posterior a esta, las personas pueden entrar al shayona (restaurante) para comprar algo de la comida tradicional vegetariana, por aquello del no inducir sufrimiento a cualquier ser sintiente.

Además, pide seguir con un estricto código de vestimenta, en el que especifica que cualquier persona que desee ingresar al mandir debe portar prendas que le cubran hombros, pecho, el ombligo, la parte superior de los brazos; así como rodillas. Aunque como buen turista el short y playeras de tirantes son prendas básicas, no es necesario regresar al hotel o a casa a cambiarse.

Ahí te proporcionan “envolturas” que son pedazos de telas de color claro, algunas con inscripciones en rojo, para poder cumplir con los requisitos, tal fue el caso de un hombre que se amarró una manta a modo de falta larga, para así cubrir sus piernas; mientras que una mujer la usó para cubrirse la espalda y hombros.

Al aproximarse a la entrada del palacio, otro letrero indica que para pasar se debe hacer sin zapatos, los cuales deben dejarse en un cuarto especial para ellos, del lado derecho hay uno para las mujeres, y del lado izquierdo se encuentra el de los hombres, se colocan en una especie de librero.

Conforme uno sube las escaleras puede ir admirando la majestuosidad del recinto, cada detalle es único, esculturas de guías espirituales de distintos tamaños y mandalas (representaciones simbólicas espirituales) abundan en las decenas de columnas; así como deidades, bailarines, músicos, elefantes, caballos y flores; todo ello también se admira al interior, en paredes y techo que se extienden por 73 pies de alto, 125 de largo y 95 de ancho.

En la entrada, un guía espiritual te recibe, está al pendiente de que los visitantes cumplan los requisitos y también conversa con ellos, hace cuestionamientos acerca de las creencias personales y destaca la importancia de desconectarse de un mundo material ya que el verdadero valor está dentro de uno mismo, en el corazón, precisa.

Aunque los visitantes quisieran tomar fotos para compartir toda esa belleza, ésta solo puede quedarse en sus mentes, porque se prohíbe tomar fotografías al interior del palacio, únicamente está permitido tomar imágenes desde el exterior, y que estás no sean profesionales, sin uso de tripies, drones, ni selfies sticks.

Guardar silencio también es indispensable para no interrumpir a quienes ahí se encuentren meditando, quien guste puede hacerlo, el guía espiritual recomendó sentarse en el centro del lugar, señaló el enorme mandala que se encontraban en el techo, rodeado de deidades, y explicó que ahí uno podía conectarse mejor con la energía.

Es impresionante la paz que uno siente al estar sentado ahí, como si un rayo de luz ingresara por la parte superior de la cabeza y recorriera todo el cuerpo, lo más común es colocarse en posición de diamante (sentado sobre las rodillas) o flor de loto (con las piernas cruzadas sobre las rodillas), para poder meditar.

En otra área, detrás de puertas de madera, se encuentran figuras de tamaño real de sus guías espirituales, como Pramukh Swami Maharaj, a quienes puedes manifestar tu respeto, pues aunque no los puedas ver, sabes que están ahí, tal como ocurre con los dioses en las demás religiones.

Al fondo, el palacio continúa, pero el acceso a los visitantes ya no es permitido, solo es para la comunidad que ahí realiza sus actividades, desde discursos espirituales y cantos devocionales, hasta enseñanzas de las escrituras, música y lenguaje original de la India.

Un ejemplo de los eventos tendrá lugar el próximo 24 de marzo, con la celebración del Shri Swaminarayan Jayanti & Shri Ram Navmi, invitaciones que al salir del templo podían tomarse dirigidas a familiares y amigos, que deseen asistir a este programa cultural que realizarán los jóvenes BAPS (nombre de la organización social-espiritual), así como los discursos espirituales del venerado Swamis.

En el exterior, los visitantes pueden dirigirse a la sala de “Exhibición para comprender el hinduismo”, una galería gratuita en donde se explica desde las características de la India, los grandes maestros de diferentes ciencias como la física, matemáticas, astronomía, hasta los orígenes y preceptos del hinduismo como estilo de vida.

La gente puede recorrer una parte de los jardines, llenos de palmeras y flores, así como los espejos de agua y fuentes que dan mayor armonía al recinto. Para finalizar la experiencia, pueden ingresar a la tienda de productos hindús que se encuentra a la salida, en la que pueden adquirir alimentos, figuras de deidades, campanas, malas, cuentos, y un sinfín de productos originarios de la India.