Poeta, ensayista, escritor y diplomático nacido y muerto en la Ciudad de México, Octavio Paz es reconocido como uno de los autores mexicanos más gloriosos de la segunda mitad del siglo XX, ganador del Premio Nobel de Literatura y con fama internacional.

Su obra, sobre todo en el terreno de la poesía, el ensayo y la traducción, ha sido llevada a más de 32 idiomas, entre ellos inglés, francés, italiano, ucraniano, chino y japonés.

Su reconocimiento y prestigio se potencializó en 1990, al convertirse en el primero y único mexicano hasta hoy en recibir el Premio Nobel de Literatura.

De acuerdo con la información publicada el 18 de abril de 2015 por Arlette Gutiérrez Báez, periodista e investigadora de la Secretaría de Cultura federal, la carrera de Paz inició con el poemario “Mar de día”, publicado en 1931, aunque fue con el ensayo “El laberinto de la soledad” que saltó a la fama mundial.

Nieto de Ireneo Paz, novelista y soldado, e hijo de Octavio Paz Solórzano, abogado que apoyaba la causa del líder revolucionario Emiliano Zapata, el poeta nacido 31 de marzo de 1914 estudió en las facultades de Derecho y de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde tomó clases con el escritor Carlos Pellicer.

Sus preocupaciones sociales se dejaron sentir pronto y en 1937 viajó a Yucatán con la intención de crear una escuela para hijos de trabajadores. En junio de ese año contrajo matrimonio con la escritora Elena Garro y luego participó en el Congreso de Escritores Antifascistas celebrado en España ese mismo año.

Más de 200 intelectuales acudieron a Valencia y allí conoció a Rafael Alberti, Nicolás Guillén, Pablo Neruda y a Ernest Hemingway, entre otros artistas de las letras.

A su regreso a México participó en la fundación de la revista “Taller”, en 1938, y después inició una vida de viajes, pues en 1943 recibió la Beca Guggenheim que le sirvió para estudiar en la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos.

En 1945 comenzó a servir en el Servicio Exterior Mexicano, en las embajadas de Francia, India y Japón. Asimismo, dio cátedra en diversas universidades estadunidenses y europeas, ofreció conferencias y en los años 70 fundó las revistas “Plural” y “Vuelta”. Intelectual, muchas veces estuvo en el centro de la polémica.

La vasta producción literaria de Octavio Paz se enmarca entre la lírica, con casi una treintena de libros publicados, y el ensayo, que incluyen más de 30 títulos. Su poesía está marcada por la experimentación, a veces con toques neomodernistas, existencialistas y hasta surrealistas y metafísicos.

En una primera etapa el autor pretendía penetrar, a través de la palabra, en un ámbito de energías esenciales, pues su preocupación era la creatividad del lenguaje, como señaló en su libro “Libertad bajo palabra”: “Contra el silencio y el bullicio, invento la palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día”.

Un regreso a la vanguardia y a la palabra mágica se materializan en el poema “¿Águila o Sol?”, libro de prosa de influencia surrealista, y en “Piedra de Sol”, una de sus obras maestras compuesta por 584 endecasílabos, la misma cifra que los años del calendario azteca, construida con imágenes de la cosmogonía azteca.

En “Salamandra”, de 1962, construyó una exploración sobre nuevos poderes de la palabra, en tanto que “Ladera este”, elaborado entre 1962 y 1968, es fruto de su interés por la cultura oriental.

“Blanco”, publicado en 1967, es una experimentación a nuevas formas de presentación, pues el poema está dispuesto en tres columnas que pueden leerse de distintas formas.

Un único, largo y bellísimo poema de lenguaje más sobrio, pero de inusitada densidad, destinado a bucear en su conciencia, en su vida y en su palabra, es “Pasado en claro”, de 1975, y de sus libros posteriores, cabe destacar “Vuelta”, escrito un año después y en el cual alude su regreso a México tras una larga permanencia en Europa y Oriente.

Una profunda reflexión sobre la creación poética se encuentra en “El arco y la lira”, de 1959, mientras que la identidad mexicana es el tema de “El laberinto de la soledad” que data de 1959. “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe” es un completo estudio presentado en 1982 sobre la obra y la compleja personalidad de esa musa.

De 1974 es “El mono gramático”, que indaga en la esencia del lenguaje y constituye un testimonio de su atracción hacia Oriente; “Tiempo nublado” (1983) se ocupa de la situación política y social contemporánea; cuatro años después presenta “Los privilegios de la vista”, donde se encuentran todas sus apreciaciones sobre las artes plásticas.

“La llama doble” (1993), “Cuadrivio” (1965), “Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo” (1967), “Conjunciones y disyunciones” (1969), “Los hijos del limo” (1974), “El ogro filantrópico” (1979), “Hombres de su siglo” (1984) e “Itinerario” (1993) son obras que dan una idea clara de su pensamiento poético.

La labor de Paz en el campo de la traducción incluye obras de poetas como Gérard de Nerval, Guillaume Apollinaire, Pierre Reverdy, Stéphane Mallarmé, Henri Michaux, Paul Éluard, Fernando Pessoa, Georges Schehadé, John Donne, Ezra Pound, E.E. Cummings, William Carlos Williams, Czeslaw Milosz y Matsuo Basho.

La importancia de la obra literaria de Paz también se manifiesta en los reconocimientos a los que se hizo acreedor, coronados por el Premio Nobel de Literatura en 1990.

Otros son los premios Xavier Villaurrutia en 1957; el Internacional de Poesía de Bruselas, en 1963; el Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura, el Jerusalem y el Nacional de Letras de México, estos tres en 1977.

También ganó el Premio Gran Águila de Oro del Festival Internacional del Libro en Niza, el Premio Cervantes, el Internacional Alfonso Reyes y el Mazatlán de Literatura.

El Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades lo obtuvo en 1993, y un año después recibió la Gran Cruz de la Legión de Honor de Francia y la Medalla Gabriela Mistral, en Chile.

Octavio Paz heredó al mundo una obra amplia y de enorme calidad literaria y estética, con la que además, dejó ver el mundo que le tocó vivir.

Murió el 19 de abril de 1998 en la Casa de Alvarado, finca ubicada en Francisco Sosa 383, en el tradicional barrio de Coyoacán, inmueble que hoy alberga la Fonoteca Nacional.