Los lectores que asistieron esta noche al Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia (CCLXV) para vivir la presentación de “600 Libros desde que te conocí. Textos de Virginia Woolf y Lytton Strachey”, obra traducida por Socorro Giménez, quedaron convencidos de que el arte epistolar es una práctica fascinante.

Para verter sus glosas y comentarios, porque son sabedoras de la importancia de la dupla que protagoniza el libro, fueron invitadas Teresa Dey y Cristina Liceaga y al respecto, la segunda anotó que se trata de una obra que hace un espléndido retrato de los intelectuales ingleses de inicios del siglo pasado; la presentación se apoyó con imágenes multimedia.

De acuerdo con Liceaga, a través de las cartas el lector halla un reflejo de los valores que defendía el Grupo de Bloomsbury: liberalismo, feminismo, libertad sexual, desprecio a la moral victoriana y amor al arte. Ese reflejo, dijo, se puede aplicar en el presente a algunos círculos intelectuales que tienen ideologías bastante parecidas a las de Bloomsbury.

“En las cartas hay comentarios críticos hacia otros intelectuales, por lo que me parece que esa práctica sigue notoriamente vigente en pláticas y mensajes de algunos intelectuales de la actualidad”, comentó en su oportunidad la escritora Cristina Liceaga al hablar del libro, testimonio del vínculo afectivo, intelectual y deslumbrante entre Woolf y Strachey.

Pero también, un mirador privilegiado de una época, pues en esa correspondencia, Woolf y Strachey dejan ver pequeños secretos cotidianos y hablan de sus gustos, sus asombros y sus lecturas, al tiempo que celebran el progreso de sus carreras y lamentan (a veces con humor) sus inevitables decadencias; en fin, el panorama de aquellos años es amplio.

Este libro regala críticas personales que hicieron Virginia y Lytton a publicaciones de la época victoriana, así como a otros volúmenes que hoy en día son consideradas como obras maestras de la literatura, de las cuales dan una visión  de su experiencia al leerlos, de tal forma que los asistentes esta noche salieron con bibliografía en la mano.

Liceaga dijo respecto a la depresión de Virginia, y la posible influencia de la muerte de Lytton en ella, que “al leer el libro tuve esa curiosidad, por lo que busqué las entradas del diario personal de Woolf que hablaban de Lytton después de su muerte, y, en efecto, las primeras menciones a Strachey después de su fallecimiento (1932) son de melancolía y dolor”.

Explicó: “En una de las primeras entradas dice que Virginia se ‘siente como en un corredor vacío’. Pero, conforme pasa el tiempo y se acerca la fecha de suicidio de Woolf, este dolor hacia Lytton va atenuando y las pocas veces que lo recuerda lo evoca como escritor y maestro; creo que sí le afectó, pero no para ser factor clave de su depresión o suicidio”.

Advirtió que, de hecho, quienes han estudiado la causa del suicidio, dicen que fue por motivos como la Segunda Guerra Mundial, por el hecho de que había perdido su casa en Londres durante un bombardeo, y por el abuso sexual que sufrió cuando era pequeña y que siempre arrastró consigo. Las versiones son muchas pero la verdad es desconocida.

Sin embargo, tal vez sea por eso que la primera edición de este libro fue censurada por el esposo de Virginia y el hermano de Lytton, quienes acordaron no publicarlo, ya que el contenido de algunas cartas habla de personas de manera no tan agradable y éstas podían resultar heridas sentimentalmente por los comentarios expuestos en esas páginas.