Centro textil maya busca rescatar tejidos emplumados en Chiapas

El Centro Textil Mundo Maya busca rescatar los tejidos, sobre todo los emplumados, para la elaboración de prendas como vestidos de novia o chales.Las maestras de dicho centro, que congrega a las...

El Centro Textil Mundo Maya busca rescatar los tejidos, sobre todo los emplumados, para la elaboración de prendas como vestidos de novia o chales.

Las maestras de dicho centro, que congrega a las mujeres tejedoras de la región Altos, muestran su técnica, conocimiento, sabiduría y experiencia adquirida durante años de trabajo.

Ahí exhiben su forma de elaboración de vestidos a base de hilo y pluma blanca de pollo, una prenda cuyo valor mínimo en el mercado es de seis mil pesos, toda vez que las creadoras tejen el hilo y mezclan la pluma previamente seleccionada.

A lo largo del tiempo, la maestra María Santiago González Pérez ha elaborado 101 huipiles usando plumas; es una prenda larga para novias que usan en las comunidades, en las ceremonias principales o rituales.

Mientras ella muestra sus conocimientos, la maestra indígena Anastasia Gómez, traduce la lengua materna, el tzotzil de Zinacantán, y narra la elaboración de las prendas para novias, quienes se ven "elegantes, lucen majestuosas".

Cerca se encuentra María Pérez López, maestra tejedora de 80 años, de cabello blanco, de manos delicadas, toma sus herramientas, las prepara, desliza su mano una y otra vez, agarra el rollo de hilo, lo pasa por una madera con clavos para obtener lana de borrego color blanco que ha de servir para elaborar tejidos.

Vestida con falda color negro y blusa blanca bordada, se sienta en el piso ante la mirada de muchas personas que se concentran en el Centro Textil Mundo Maya de San Cristóbal de las Casas. Sus alumnas la admiran, escuchan el tzotzil de Zinacantán.

La maestra Anastasia Gómez, traductora, aseguró que el reto es rescatar la enseñanza ancestral de los bordados y elaborar diversas prendas o chales.

Para la creación de esta ropa se debe cortar la lana de un borrego, después se lleva a lavar y se seca por cinco días, tiempo promedio, luego se realiza "el peinado" y se empieza a hilar.

Posteriormente hilo por hilo, se emplea un cuero para colocar en la cintura la otra vara de medio metro donde se desarrollará el tejido.

Anastasia Gómez indicó que se requiere paciencia para aplicar "la sabiduría que tiene en la cabeza de las enseñanzas de sus antepasados".

Tras una semana de trabajo se termina el chal, una prenda que en el mercado tiene un costo de 400 pesos.

Con una sonrisa, la artesana presume su trabajo y cree que esta tradición ancestral no se debe terminar, sino fortalecer entre las nuevas generaciones.