Tania Robles Hernández y Danton Bazaldua Morquecho tienen 24 años de edad, cursan el último semestre de su carrera en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y formaron parte de la misión análoga a Marte en el desierto de Utah, conformada por siete tripulantes.

Durante dos semanas y completamente aislados, los alumnos de las Ingenierías Mecánica en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón y en Telecomunicaciones en la Facultad de Ingeniería, se probaron así mismos en sus habilidades, emociones y capacidades.

"Los riesgos eran reales y la posibilidad de morir también, nos sentimos en Marte, fue muy real la sensación, ver el cielo rojo y los atardeceres del mismo color, no había duda estábamos en el planeta rojo", compartieron en conferencia de prensa.

En el Instituto de Geografía de la UNAM y acompañados por Betel Martínez Valdés, de la Facultad de Psicología de la UNAM y psicóloga de la misión espacial que promueve, cada año, la Mars Society, organización sin fines de lucro, compartieron la experiencia que vivieron en la simulación para la exploración a Marte, la que los hizo más humanos y aprendieron a valorar todos los aspectos de la vida.

"Estar ahí, ser marciano, en realidad te cambia mucho la perspectiva, desde que regresamos somos diferentes en el aspecto de que como que vemos las cosas más definidas y como que te humanizas un poco más, extrañas una simple manzana roja, el ruido del agua, cosas que no valoras cuando las tienes", comentó Tania.

Cada día, con algunas variaciones, revela la estudiante, "los tripulantes despertábamos a las 7 de la mañana, después nos reuníamos en el comedor, un sitio muy pequeño; planeábamos nuestras actividades, labores de limpieza y las actividades extravehiculares", que iniciaban entre las 10 y 12 del día y duraban cuatro o cinco horas.

Parecería mucho tiempo, comenta a Notimex la universitaria, pero con un traje de 20 kilogramos encima, el sol y luego el frío, si te tardabas ese tiempo.

Máximo cuatro personas podían salir en vehículos eléctricos, tipo motonetas; de ahí se viajaba hacia el sitio y se hacían los proyectos que era recolección de tierra o reconocimiento de área. El día se iba demasiado rápido, a las 24 horas todos estaban muy cansados.

El hábitat era un cilindro gigante que servía de vivienda, oficina y laboratorio, de dos pisos. Las habitaciones eran de metro y medio cada una. Dos mujeres eran de los siete tripulantes.

Tania cumplió sus 24 años de edad en la misión, ese día, indica, "nos acabamos casi toda comida, que era seca, ni sabia igual, pero funcionaba. Eran latas como de dos kilos de diferentes alimentos, jitomate, carne, pollo. literalmente rascábamos las ollas, no había mucha comida y bajamos algunos kilos, y teníamos que estar hidratados".

Danton recuerda que uno de los días más difíciles de la simulación fue aquel en el que "uno de nuestros dispositivos eléctricos se descompuso a la mitad del desierto y tuvimos que amarrarlo con una cuatrimoto que teníamos auxiliar y lo estuvimos arrastrando por cerca de una hora por el desierto y ya estaba anocheciendo, fue algo complicado pero lo logramos. Sentí miedo y emoción".

Con el apoyo de la delegación Xochimilco, de la Fundación UNAM y de sus escuelas, los jóvenes pudieron obtener los recursos suficientes - entre ellos el traje que costó alrededor de 50 dólares cada uno- para cumplir sus sueños, tras haber concursado para ser parte de la simulación que desde un aislado desierto de Estados Unidos emula las condiciones del planeta rojo.

Tras la exitosa misión análoga, los estudiantes dijeron que tienen muchos proyectos en mente.

Ambos quieren finalizar sus estudios y continuar su formación en el tema espacial, buscar algún posgrado en el extranjero, incluso, piensan en crear algún programa en conjunto con sus pares de Perú y Colombia, que también participaron en la misión, para mandar misiones análogas no sólo a este sitio, también a otros hábitats.