Brasil, país que depende en 70 por ciento de la generación de energía hidroeléctrica, avanza en la producción de fuentes sustentables con gran potencial como la solar y la eólica, en un esfuerzo por combatir el cambio climático y cumplir los Acuerdos de París.

Brasil defiende que tiene una matriz energética renovable, ya que, a diferencia de países como Francia o Estados Unidos, que usan fuentes nucleares o termoeléctricas, el gigante sudamericano produce cerca del 70 por ciento de su electricidad con enormes presas hidroléctricas construidas sobre ríos.

Sin embargo, recientes estudios sobre el impacto socioambiental de estas gigantescas obras en ríos de la selva amazónica y los escándalos de corrupción que revelaron sobornos millonarios en estas infraestructuras –como la presa de Belo Monte- provocaron que el país comience a orientarse hacia fuentes sustentables, con gran potencial de crecimiento.

Asimismo, las sequías en regiones del Amazonas y en el sur del país –dos de los centros de producción de energía hidroeléctrica- cuestionaron la seguridad energética de su matriz basada en la producción a través de los ríos, en un escenario en el que ambientalistas y economistas piden una mayor diversificación.

La energía eólica representa cerca del 6.5 por ciento del total nacional y el año pasado el país superó a Canadá y se situó como octava mayor potencia de generación de este tipo de energía en el mundo, de acuerdo con datos de la organización Global Wind Energy Council.

El gigante sudamericano, que tiene un gran potencial sobre todo en su costa nordeste, donde los fuertes vientos del Atlántico son frecuentes, tiene ya más de 500 parques eólicos que generan cerca de 13 gigavatios, según datos de la Asociación Brasileña de Energía Eólica.

“Brasil tiene uno de los mejores vientos del mundo para la producción de energía eólica”, señaló la presidente de la entidad, Élvia Gannoum.

El sector, que requiere una inversión notable y depende de tecnología patentada por empresas estadunidenses, chinas y europeas, fue sostenido por el gobierno mediante licitaciones y, para el sector privado, a través de la financiación de 87 créditos por unos nueve mil millones de dólares, concedidos por el Banco Nacional de Desarrollo (BNDES) entre 2003 y 2016.

La energía solar, por su parte, también ha avanzado en los últimos años, en especial por medio de incentivos públicos que permiten a los usuarios domésticos instalar sus propios paneles solares y conectarse a la red, suministrando electricidad a ésta cuando hay excedente.

De esta forma, en enero el país logró la marca de un gigavatio de potencia instalada en parques solares en operación, según la Asociación Brasileña de Energía Solar Fotovoltaica (ABSOLAR).

Ello supone el consumo de cerca de dos millones de personas o 500 mil residencias, según el presidente de la institución, Rodrigo Sauaia, que admitió, sin embargo, que el país está “más de 15 años atrasado en el uso de energía solar fotovoltaica”.

“Tenemos condiciones de estar entre los principales países del mundo en este mercado”, señaló, pero advirtió que para ello Brasil –una de las naciones con mayor incidencia de luz solar del planeta- deberá tener una “agenda nacional” de promoción de esta energía.

En el marco del Acuerdo de París contra el cambio climático, Brasil se comprometió a reducir en 2025 un 37 por ciento las emisiones de gases con efecto invernadero respecto a las emisiones de 2005, sobre todo por medio de la lucha contra la deforestación en el Amazonas, el incentivo a las energías renovables y la mayor eficiencia de la agricultura.