Al menos 13 ciudadanos rusos y tres empresas rusas fueron acusados por el fiscal especial Robert Mueller de ocho cargos criminales por interferir en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos.

El subprocurador Rod Rosenstein afirmó que los rusos llevaron a cabo una “guerra informativa” con un presupuesto de 1.25 millones de dólares al mes para “sembrar discordia” en el sistema electoral de Estados Unidos, y sostuvo que ningún estadunidense participó a sabiendas.

“La meta declarada era diseminar desconfianza hacia los candidatos y hacia el sistema político en general”, dijo en rueda de prensa Rosenstein.

Las acusaciones incluyen una conspiración criminal para defraudar Estados Unidos, afectando las funciones de la Comisión Federal electoral, del Departamento de Justicia y del Departamento de Estado. Además fueron acusados de cometer fraude bancario y robo de identidad.

“No existe una acusación en este encausamiento de que ningún estadunidense fue un participante con conocimiento de está actividad ilegal, no hay acusación de que la presunta conducta alteró el resultado de la elección”, sostuvo el procurador.

La acusación sostiene que 12 de los acusados trabajaron para la empresa Internet Research Agency (IRA) LLC, una compañía rusa domiciliada en San Petersburgo.

El número 13, Yevgeniy Viktorovich Prigozhin, financió la conspiración a través de empresas como Concorde Managment y Consulting LLC, Concorde Catering y otras afiliadas y subsidiarias.

Rosenstein aseguró que la conspiración contra Estados Unidos fue parte de una operación mayor que tenía como blanco audiencias domésticas en Rusia y también “audiencias foráneas en múltiples países”.

De acuerdo con el encausamiento presentado por un gran jurado, la empresa IRA tenía bajo su nómina a cientos de empleados, creadores de personalidades falsas hasta personal administrativo y técnico, a un costo de varios millones de dólares.

La empresa IRA operaba como una estructura corporativa con varios departamentos incluidos diseñadores gráficos, tecnología del información y departamento de finanzas.

Rosenstein sostuvo que la empresa decidió crear un proyecto especial en 2014 dirigido hacia Estados Unidos y en julio de ese año más de 80 empleados de la empresa fueron asignados al proyecto de traducción.

Dos de los acusados presuntamente viajaron hacia Estados Unidos en 2014 para recolectar información de inteligencia para su operación de influencia en el país norteamericano.

Para ocultar el origen ruso de sus actividades, los acusados compraron espacios en servidores de computadoras localizados en Estados Unidos a fin de establecer una red privada.

De acuerdo con la acción criminal, los rusos utilizaron esa estructura para establecer cientos de cuentas en las redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter con el objetivo de que apareciera que esas cuentas eran controladas por personas ubicadas en Estados Unidos.

Los acusados utilizaron cédula de identidad robada de estadunidenses, cuentas bancarias fraudulentas y documentos de identificación falsos.

Rosenstein sostuvo que algunos de los rusos se hicieron pasar por activistas sociales estadunidenses que abogaban en favor y en contra de candidatos particulares, para lo cual establecieron grupos en redes sociales para comunicarse con los estadunidenses.

Los acusados se hicieron pasar por activistas comunitarios, adquirieron publicidad política en las redes sociales y reclutaron a estadunidenses para que se involucraran en actividades políticas de las dos campañas políticas.

“De acuerdo con la acusación, los estadunidenses no sabían que se estaban comunicando con rusos”, dijo el subprocurador.

Después de las elecciones presidenciales, de acuerdo con la acusación, los acusados organizaron mítines políticos para apoyar al presidente electo Donald Trump y, de manera simultánea, realizaron mítines en contra de su elección.

Como ejemplo el subprocurador señaló que los acusados organizaron un mitin en New York y el mismo día otro en la misma ciudad.