La celebración del Año Nuevo inició en el Barrio Chino de la Ciudad de México, ello, pese a que en la zona aún no concluyen los trabajos de rehabilitación a cargo del gobierno capitalino.

A partir de este jueves y hasta el próximo 18 de febrero la zona ofrecerá a los visitantes la comida, tradiciones y amuletos emblemáticos de esa cultura milenaria, aun cuando quedan rastros de polvo de los trabajos que se extendieron hasta el último minuto con motivo del Año Nuevo.

En entrevista para Notimex, la directora general de Proyectos, Construcción e Infraestructura de la Autoridad del Espacio Público de la Ciudad de México, Judith Vázquez Arreola, explicó que las obras, en una primera etapa, incluyeron una intervención que amplió el barrio que antes sólo era de la calle Independencia a Artículo 123 y ahora llega hasta la avenida Juárez.

En el lugar, bajo un nuevo arco, Paifang, emblemático de la arquitectura china, puntualizó que también se reubicaron las estatuas de dos leones, se renivelaron las calles, se colocaron jardineas, bancas e iluminación.

Además, detalló, se instalaron pendones permanentes y unas letras chinas de gran formato con la frase “Barrio Chino de la Ciudad de México”, que dan la bienvenida a los turistas.

La funcionaria reconoció que aún falta la remodelación del parque Santos Degollado, en el que se instaló un Paifang en 1989 y que también formará parte del Barrio Chino, considerado como el más pequeño del mundo.

Dijo que entre los objetivos de la obra se encuentra el ampliar el barrio para que la gente “pueda caminar y descansar", así como para tomarse fotos de recuerdo.

“Aún faltan algunos detalles pero esta primera etapa prácticamente se ha concluido para celebrar el Año Nuevo”, dijo, y abundó que con la remodelación el China Town mexicano se encuentra al nivel de cualquier otro en el mundo.

“En el caso particular de nuestro Barrio Chino, lo que se pretende es reactivar la economía, hacer que los comercios que están en estas calles resurjan, vendan y atraigan a la gente a un lugar que con el paso de los años se fue apagando”.

También explicó que el complejo se llama Barrio Chino, Barrio de la Luz, porque también se remozó la zona en la que de manera histórica se han vendido lámparas en la capital del país.

Reconoció que al principio de los trabajos los locatarios eran renuentes a las obras, toda vez que algunos tuvieron que cerrar sus puertas o disminuir sus ventas de manera temporal; pero en la actualidad las ventas han incrementado “lo han hecho suyo, hoy salieron a lavar su banqueta y a disfrutar el año nuevo”.

Al ser Año de Perro, según la tradición china, los canes son los más buscados en las tiendas de amuletos, aunque también se venden gatos dorados y galletas de la suerte, en efecto, se ha reactivado el comercio y el turismo.

De acuerdo con el comerciante de rollitos primavera y pan al vapor, Héctor de Jesús, las ventas han mejorado con la celebración del año nuevo, apuntó que las ventas habían descendido hasta 60 por ciento, por lo que la conmemoración y la semiconclusión de los trabajos son una buena noticia para los vendedores.

En tanto, Jorge Marquinia, entrenador del grupo de danza, Xinhuan Shi y quien es el encargado del recorrido de los dragones y leones en una danza, señala que el baile al dragón atrae las bendiciones del cielo, mientras que el felino otorga las bendiciones de la tierra.

Recordó que las cabezas de los dragones fueron traídas de China, mientras que el cuerpo, que alcanza 10 metros, se realizó con papel en México.

Por otro lado, Jorge González Chacón, quien recorre la zona en compañía de su pareja, señala que es una buena celebración, que conjuga la tradición oriental, pero sobre todo las ganas que tenemos los mexicanos de hacer fiesta.

El Barrio Chino de la Ciudad de México nació a la mitad del siglo pasado con el objetivo de reunir a la comunidad atraída al país desde 1880 para trabajar en la construcción de ferrocarriles, hoy sus calles pasan un periodo de rehabilitación con el que se espera que la zona recobre su esplendor perdido con el paso del tiempo.

El establecimiento del conjunto, en el que también habitan familias coreanas, indonesias y filipinas, dio fin a los guetos que produjo la xenofobia en el país y abrió el camino a una comunidad que aporta la diversidad de su cultura y contribuye a la economía y al turismo en la capital.