El Museo del Cincuentenario de Bruselas sacó a la luz lo mejor de su colección para tratar de explicar las particularidades de Oceanía, un continente formado por miles de pequeñas islas esparcidas en unos 8.5 millones de kilómetros cuadrados.

“Oceanía, viajes en la inmensidad” abre con una decena de maquetas mostrando la diversidad de las embarcaciones fabricadas y usadas por los pueblos de islas evocadoras de paisajes de ensueño, como Fiji, Tahití, Samoa.

En los grandes catamaranes en madera, con cascos esculpidos como verdaderas obras de arte, los isleños pueden viajar durante semanas, acompañados de animales y víveres, para comercializar con sus vecinos.

La historia de Oceanía es, antes de más nada, una historia de viajes marítimos, entre sus mismas islas, pero también a partir de la Europa exploradora del siglo XVIII, aunque mucho antes el continente ya había sido visitado por marinos de África y del sureste asiático.

Cartas, brújulas, documentos de época y globos terrestres explican las rutas empleadas por las diferentes expediciones que lograron llegar al continente siglos atrás.

Una de las más importantes para Europa fue la que condujo el arqueólogo belga Henry Lavachery a la Isla de Pascua en 1934, que permitió avanzar en los conocimientos científicos sobre el lejano territorio, hasta hoy poco accesible a los extranjeros.

Lavachery regresaría a Bélgica con una estatua moai, escultura gigantesca característica de la isla chilena del Pacífico, supuestamente regalada por la población local.

La pieza de seis toneladas realizada en basalto es el punto fuerte de la exposición de Bruselas, que reconstituye en fotografías la compleja operación organizada para transportarla a Bélgica.

La muestra también destaca el arte y la artesanía de Oceanía con más de 200 objetos pertenecientes a la colección de los museos reales belgas, todos fabricados a partir de elementos naturales, como dientes de peces, fibras de coco, corteza y hasta huesos y cabellos humanos.

Son armas, instrumentos musicales, aderezos y objetos del día a día: una concha de 15 centímetros transformada en trompeta, un cráneo humano convertido en apoyacabezas, unos dientes de delfín forjado en collar y aún dientes de tiburón o piedras mezclados a troncos de árbol para constituir armas.

La típica tapicería local, fabricada con corteza de árbol macerada y machacada con piedras, después decorada con pinturas en motivos geométricos, ocupa toda una sala de la muestra.

La exposición ha sido ideada por Nicolas Cauwe, arqueólogo belga experto en la Isla de Pascua y curador de la colección de Oceanía en los Museos Reales de Arte y Historia de Bruselas.

Fue Cauwe quien revolucionó la percepción del pasado de esa isla chilena en pleno archipiélago polinesio, al explicar que sus célebres estatuas moai han sido tumbadas probablemente por razones religiosas, no por una guerra o una catástrofe natural.