A pesar de no ser un municipio con vocación alfarera, Tenancingo reúne, año con año, a los artesanos del barro y la cerámica de diversos estados como Michoacán, Querétaro y Estado de México, en su tradicional Feria del jarro que este año durará hasta el 25 de febrero.

De acuerdo con la tradición, la feria se realiza días antes del miércoles de ceniza, pues desde hace décadas el municipio ha sido un punto de encuentro de las peregrinaciones que anualmente se dirigen al santuario de Chalma.

Indígenas purépechas, otomíes y mazahuas provenientes de Michoacán y Querétaro, así como artesanos del norte y poniente del Estado de México desde hace muchos años se reunían en esta localidad durante sus recorridos de devoción; aquí intercambiaban y regalaban las diversas piezas de alfarería y cerámica entre los fieles que acudían al templo del Calvario, hoy en día Catedral de Tenancingo.

De esa costumbre surge la frase “El que lo pide lo da, y si no, codo será”, que hace referencia al trueque de artículos de diversos estilos y formas que portaban los peregrinos.

Así, el municipio se estableció como un centro de referencia para los artesanos alfareros que acuden cada año a comerciar sus productos en la calle Pablo González Casanova y en la plaza cívica.

En esta ocasión alrededor de 150 alfareros ofertan trastes, vajillas y utensilios de barro, cerámica y arcilla de alta temperatura principalmente. Por pieza o por docena los artículos son decorados a mano con los más tradicionales diseños para decorar los hogares mexicanos.