El Baluarte de San Carlos alberga hoy el Museo de la Ciudad que es un espacio donde los visitantes reciben la explicación de algunos mitos que hay detrás de varios capítulos de la historia del puerto de Campeche, desde su fundación, hasta las hazañas atribuidas a los piratas que alguna vez la atacaron.

Estas historias son narraciones fabulosas, generalmente transmitidas de forma oral, lo que hace de San Francisco de Campeche una ciudad mítica, por lo que se invita a los turistas a aventurarse a conocer la verdad sobre esto.

Al entrar se puede ver una maqueta del recinto amurallado, que tomó forma hexagonal irregular, para adaptarse al terreno y a las construcciones preexistentes.

En cada esquina se levantaba un baluarte, como éste de San Carlos; la zona fortificada se comunicaba con el exterior sólo por cuatro puertas, momento que retrata la citada maqueta.

Sin embargo, este número fue variable, pues hasta la segunda mitad del siglo XVIII eran sólo tres y a finales del siglo XIX se abrió la quinta.

En entrevista con Notimex, América Zapata, encargada del museo, explicó que este lugar se abrió en 1989 y la museografía que se tiene actualmente se colocó en 2014.

“La maqueta muestra cómo estaba la ciudad con sus respectivos baluartes, se ve la catedral, el parque del centro, una iglesia de los jesuitas, junto con artesanos que venden sus productos”.

La especialista invitó a todas las personas a conocer este atractivo, ya que cuenta con varios espacios interesantes, como por ejemplo una antigua cárcel donde eran encerrados los prisioneros; hoy en día se tienen dos figuras de piratas, uno acostado y el otro encadenado.

Dentro de este calabozo hay información que puntualiza que en este sitio subterráneo seguramente hubo contrabandistas y otros delincuentes asociados con el tráfico ilícito de mercancías.

“Bienvenidos a esta ciudad de Campeche, aquí estamos en este baluarte con los brazos abiertos para que vengan; pueden escuchar cinco leyendas y conocer todo acerca de los piratas”.

Además, los visitantes pueden subir a una muralla y tener una vista panorámica hacia el mar; de igual manera pueden tocar una campana, cuya leyenda dice que si la gente la toca tres veces, regresará a esta “bellísima ciudad”.

También es posible admirar la "Llave de la Ciudad", elaborada en bronce dorado en el siglo XX. La entrega de ésta es una tradición que se remonta a la Europa Medieval, en la cual las ciudades que estaban protegidas por murallas daban simbólicamente esto a una persona o autoridad el derecho de entrar libremente.

Durante mucho tiempo las puertas de la ciudad de Campeche se cerraban por la noche y sólo se volvían a abrir hasta el amanecer, dejando a los barrios aislados del centro.

Vale la pena subrayar que San Francisco Campeche tuvo todo tipo de atacantes, desde los corsarios franceses del siglo XVI, hasta bucaneros y filibusteros ingleses y holandeses en el siglo XVII, así como capitanes de armada ingleses del siglo XVIII y piratas franceses del siglo XIX.

El Baluarte de San Carlos, localizado en la calle 8 sin número, está abierto de lunes a domingo de las ocho de la mañana a las 20:00 horas, con un costo de acceso de 20 pesos.

En este recinto hay una sala dedicada a toda la cultura de la piratería, que explica que se han creado tantos estereotipos de los piratas, que ahora se ven con cierta simpatía, cuando en verdad se trató de gente desesperada, marginal, muchas veces cruel, raras veces caballerosa, que llevó a cabo acciones que la mayoría repugnaría.

“Muchos son los relatos, cuentos y las novelas que tienen entre sus páginas alguna que otra situación en la que intervienen los piratas; las primeras representaciones de ellos como personajes románticos se hicieron mediante baladas o romances populares, poemas épicos como ‘El corsario de Byron’ o clásicos de la literatura juvenil como ‘La isla del tesoro’”.

Las artes escénicas no han sido la excepción para recrear historias de piratas, muchas veces basadas en obras literarias; en ellas los héroes son piratas cuyas canciones son la glorificación de sus acciones.

Su libre e irreverente visión del mundo es consecuencia de sus victorias guerreras y del cambio brusco cultural que experimentan, se informó en este museo.

Se narró que la historia de “Peter Pan”, estrenada en Londres en 1904, es un parteaguas en la construcción del imaginario de los piratas.

A pesar de que un cliché de ellos es que tienen pata de palo y un loro al hombro, dichas mascotas no fueron las únicas que acompañaron las largas travesías de estos hombres, ya que había perros, gatos y monos, entre otros animales.