La Unión Demócrata Cristiana (CDU), de la canciller Angela Merkel, la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD), de Martin Schulz, anunciaron hoy que alcanzaron un acuerdo para gobernar juntos los próximos cuatro años en Alemania.

Este acuerdo, que reedita la fórmula conocida como Gran Coalición de la última legislatura, logrado después de 13 días de negociaciones y el periodo más largo sin gobierno activo de su historia moderna -desde el 24 de septiembre-, fue anunciado este día en rueda de prensa conjunta por Merkel de la CDU, ‎Horst Seehofer de la CSU y Martin Schultz del SPD.  

“Ha merecido la pena”, dijo la propia Angela Merkel tras más de 24 horas de intensas conversaciones durante el "sprint" final en la jornada del martes.

Así, Merkel será canciller federal por cuarto mandato consecutivo, el primero (2005-2009), el segundo de 2009 a 2013, el tercero (2013-2017) y el que está por venir hasta 2021 bajo la fórmula de una coalición con el SPD, que ha sido muy castigado por los electores por aliarse continuamente con los conservadores.

Sin embargo, la división interna del SPD es patente y también controvertido es el papel de su líder, cuya imagen quedó muy afectada al entrar en el nuevo gabinete tras reiterar hasta la saciedad en la campaña electoral que no lo haría.

El bloqueo político en el que entró el país cuando Merkel no logró cerrar una alianza con los verdes y liberales tras lo comicios de septiembre, hizo que Martin Schulz accediera a negociar para evitar el escenario de nuevas elecciones, previo consentimiento de la cúpula de su partido en medio de una enorme división.

A la cúpula del SPD recurrió para negociar y a las bases lo hará para que el nuevo gobierno termine de ser una realidad.

Por ello, serán los 460 mil militantes socialdemócratas los que decidirán en última instancia si dan el visto bueno o no al acuerdo presentado este miércoles, un resultado que se espera conocer el fin de semana del 3 y 4 de marzo.

De dar su apoyo, Alemania podría tener gobierno alrededor de Semana Santa. De ser rechazado, volvería a abrirse una crisis que podría terminar en nuevas elecciones.

De ahí que todos miraran este día hacia lo conseguido por ese partido, el SPD, para ver si será suficiente para convencer a sus votantes de que lo apoyen. En la rueda de prensa conjunta con Merkel y Seehofer, Schulz se esforzó por destacar la huella socialdemócrata del acuerdo.

Y es que los socialdemócratas recibirán seis carteras en el nuevo gobierno, entre ellos tres de mucho peso: Exteriores; Finanzas; y Trabajo y Asuntos Sociales, según el acuerdo anunciado.

La cartera de Trabajo y Asuntos Sociales es muy significativa porque es uno de los sectores donde los socialdemócratas han estado presionando hasta el último momento con sus demandas de limitar los contratos laborales temporales en el país para convertirlos en permanentes.

Los otros tres son los Ministerios de Familia, Justicia y Medio Ambiente.

Al frente de Exteriores se pondrá el propio Schulz, con gran experiencia en política europea como antiguo presidente del Parlamento Europeo.

No es sin embargo el puesto de más peso que ocupará un socialdemócrata en el nuevo gobierno: el alcalde de Hamburgo, Olaf Scholz, será vicecanciller y ministro de Finanzas, esta última una poderosa cartera que Merkel tuvo que sacrificar finalmente.

Sigmar Gabriel, el hasta ahora ministro de Exteriores, fue al parecer crucial a la hora del reparto de carteras, pero todo parece indicar que se quedará fuera del ejecutivo.

El nombramiento de Schulz obliga también a cambiar la configuración de la cúpula de su partido, al frente del cual lo sustituirá Andrea Nahles, siendo la primera vez que una mujer dirige a los socialdemócratas en sus más de 150 años de historia del partido.

Por su parte, la CSU, los socios bávaros de Merkel, dirigirían los Ministerios de Transporte y Asuntos Digitales y Desarrollo, junto a la poderosa cartera de Interior al mando del líder del partido Horst Seehofer, desde donde podría controlar temas migratorios.

Seehofer, también cuestionado internamente, es conocido por su dura postura contra la entrada de migrantes al país. Su cartera recibirá además competencias extras de construcción y vivienda.

Por su parte, la CDU de Merkel se quedará al mando de los ministerios de Defensa, Economía, Agricultura, Sanidad y Educación, con lo que los expertos consideran que salió relativamente desfavorecida. Especialmente dolorosa fue la pérdida de Finanzas e Interior, algo que la propia canciller omitió comentar en la rueda de prensa.

El hasta ahora jefe de la cancillería federal, Peter Altmaier, sería el titular de Economía, mientras Ursula von der Leyen seguiría al frente de Defensa. Julia Klöckner es el nombre que más suena para Agricultura y Alimentación.

Una de las pérdidas más llamativas de los conservadores alemanes es la del hasta ahora ministro del Interior, Thomas de Maizière, que quedará fuera del futuro gobierno, según anunció él mismo.

En el acuerdo de 177 páginas presentado este día, titulado algo así como “Un nuevo resurgimiento para Europa, una nueva dinámica para Alemania y una nueva cohesión para nuestro país”, los firmantes reafirman su deseo de estabilidad, renovación y cohesión para el país.

El acuerdo ocupó al cien por cien la agenda de Merkel, que primero postergó y acabó retrasando al 15 de febrero un encuentro previsto para este día con el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni.

El acuerdo se logró tras la incertidumbre vivida en las primeras horas de este miércoles, cuando algunos apuntaban incluso la opción de que fracasaran las negociaciones.

Las miradas están ahora dirigidas a los militantes socialdemócratas. El sector más crítico, las juventudes (conocidas como “jusos”) lideradas por Kevin Kühnert ya empezaron a movilizarse para pedir el voto del “no” a la Gran Coalición.

“El No a la gran coalición no significa sólo el rechazo al acuerdo de coalición (…) sino al estilo político dominante en la actualidad”, señaló en Twitter.

Ha sido llamativo el hecho de que el partido sumó más de 24 mil nuevos miembros desde comienzos de año, después de que las juventudes críticas con la Gran Coalición lanzaron una campaña para captar nuevos miembros y rechazar la alianza con los conservadores.

También comenzaron a escucharse las primeras críticas al texto: el líder del xenófobo de derecha Alternativa para Alemania (AfD) Alexander Gauland acusó a Merkel de haber conseguido un mal acuerdo y dijo que liderará un gobierno en el que mandarán los socialdemócratas.

La asociación de industria alemana también se mostró insatisfecha y su presidente Dieter Kempf criticó los gastos previstos y la política fiscal, donde consideró que faltan incentivos y reformas estructurales, sobre todo después de que el gobierno estadunidense bajó los impuestos a las empresas.

Los sindicatos agrupados en la DGB y en Ver.di, sin embargo, saludaron el acuerdo, contentos por la introducción de una renta básica, la estabilización del nivel de las jubilaciones y el regreso a la financiación paritaria -entre empresarios y trabajadores- de los seguros de enfermedad.