El periodista y escritor costumbrista mexicano Ángel del Campo, quien firmó parte de su obra con seudónimos como “Micró” o “Tick-Tack” y retrató la vida cotidiana con un suave naturalismo, murió hace 110 años, el 8 de febrero de 1908.

De acuerdo con datos biográficos, Ángel del Campo nació el 9 de julio de 1868 en la Ciudad de México en el seno de una familia de clase media y fue registrado bajo el nombre de Ángel Efrén de Campo y Valle.

Su padre murió cuando Micró era un niño, y mientras estudiaba medicina sufrió la pérdida de su progenitora, lo cual le impidió continuar su educación.

Por ello aceptó un puesto burocrático en la Secretaria de Hacienda, con el fin de mantener a sus hermanos menores, esto lo registra un sitio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Durante su juventud inició su acercamiento a las letras, esto gracias a su maestro, Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893), quien lo condujo en aquel camino literario y su obra cobró matices nacionalistas, naturalistas coronadas por la crítica satírica.

Dio clases de literatura en la Escuela Nacional Preparatoria, donde entabló amistad con diferentes escritores de la época como Luis González Obregón, Victoriano Salado Álvarez, Balbino Dávalos, así como el máximo naturalista en el país Federico Gamboa.

La académica Daniel Santillana escribió en su publicación "Siluetas que pasan", columna de Ángel de Campo (Micrós), que “Tick-Tack”, guardaba nexos intertextuales con los textos de la época, lo cual se puede ver en la novela “Bouvard y Pécuchet”, de Gustave Flauber.

También explica partes características de su obra como, el quehacer periodístico ligado a la fantasía, es decir cuando los personajes dentro de un momento histórico se ven alejados de éste.

Cultivó la poesía, la novela y el cuento, también colaboró en publicaciones como “El Nacional”, “El Imparcial” y “La Revista Azul”, donde desarrolló sus dotes como cronista al retratar imágenes de la vida cotidiana, marcadas por la crítica a la injusticia.

Respecto a esto el historiador Fernández del Castillo escribió en su libro “Antonio: "Micrós". Ángel de Campo. El drama de su vida”, que “su estilo en obras como Kinestoscopio, se apoya en la enumeración simple, compleja y caótica, y ello obedece, en realidad y nuevamente a la necesidad de proponer un orden, una visión del mundo”.

Entre sus obras más reconocidas están “Ocios y apuntes”, “Rumba”, “Cosas vistas”, “Cartones”, “La semana alegre” y “Cuentos de arrabal”, entre otros.

Ángel del Campo murió el 8 de febrero de 1908 a los 39 años de edad, en la Ciudad de México y aún es recordado por su colorido estilo, así como sus impresiones brillantes sobre la época en que le tocó vivir.