Enfrentan argentinos inicio de nueva e histórica etapa política

Argentina amaneció hoy con un nuevo presidente y las reacciones ciudadanas oscilaron entre el enojo, la tristeza y la resignación de unos, y la euforia y la esperanza de otros."No dormí, estuve...

Argentina amaneció hoy con un nuevo presidente y las reacciones ciudadanas oscilaron entre el enojo, la tristeza y la resignación de unos, y la euforia y la esperanza de otros.

"No dormí, estuve llorando", confesaba este lunes Claudia Angelis, una estudiante de Economía de 23 años, mientras a su lado una amiga que vestía una camiseta con la imagen del fallecido y mitificado ex presidente Néstor Kirchner, advertía que "ahora seremos la oposición en resistencia".

Sentadas en un banco de la Plaza de Mayo, las jóvenes kirchneristas reflejaban el temor que tiene un sector de la población que interpreta el ajustado triunfo del opositor Mauricio Macri como una amenaza a los derechos sociales adquiridos durante los últimos 12 años.

Unas cuadras más adelante, en un café de la Avenida de Mayo, el mesero Ramón Solís mostraba la cara opuesta y decía que también lloró anoche, "pero de alegría, porque con Macri los argentinos vamos a dejar de pelearnos".

Para este hombre de 45 años, como para los casi 13 millones de argentinos que votaron por Macri, el nuevo presidente no representa la derecha amenazante ni el regreso de políticas neoliberales que vaticinó el kirchnerismo, sino apenas un cambio que el país necesitaba después de las tres presidencias consecutivas de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

Muchos ciudadanos todavía no salen del asombro que implicó el triunfo de Macri, el político argentino más subestimado de la última década, el mismo que apostó a ser presidente, creó un partido y, contra todos los pronósticos, terminó venciendo al kirchnerismo, la fuerza política más poderosa desde 2003.

La victoria que modifica por completo el reparto de poder en Argentina fue una mezcla de aciertos propios y errores ajenos, porque Macri logró aglutinar una alianza electoral y acomodó sus promesas de acuerdo con lo que demandaba parte de la sociedad.

También apostó a nuevos liderazgos, como el caso de su vicejefa de Gobierno, María Eugenia Vidal, quien hoy es la estrella de la política argentina después de haber derrotado al peronismo para convertirse en la nueva gobernadora de la provincia de Buenos Aires.

Para sorpresa de sus propios militantes, el candidato se comprometió durante la campaña a mantener políticas sociales y eliminar los aspectos más negativos del gobierno, como las cadenas nacionales de la presidenta que tanto fastidio provocaban, la falta de ruedas de prensa o la manipulación de estadísticas de pobreza e inflación.

Bajo la promesa de mantener lo que funciona y cambiar lo que no, Macri se allegó de un caudal de votos de ciudadanos que no eran opositores, pero que estaban cansados del estilo confrontativo de Fernández de Kirchner que ella jamás quiso modificar.

Los errores ajenos que ayudaron a Macri provinieron de la propia presidenta, quien impidió una elección interna entre los funcionarios que aspiraban a ser candidatos del oficialismo y eligió de manera solitaria a Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires que hoy enfrenta la derrota.

En lugar de conciliar y modificar su política de comunicación para recibir a la prensa, Fernández de Kirchner se empecinó en las largas cadenas nacionales de sus discursos que interrumpían la programación habitual de las señales de televisión y que provocaban una avalancha de críticas.

Son apenas algunas razones de la transformación política que comenzó a vivir anoche el país, aunque las elecciones también dejaron en claro que casi la mitad de los electores, el 48.60 por ciento, eligió la continuidad del kirchnerismo que representaba Scioli, y no es poco.