La fila para probar alguna de las 50 variedades de sabores de los Tamalitos de la Balbuena es larga, a las personas parece no importarles el frío y muchas llegan desde muy temprano porque saben que después de mediodía ya no habrá tamales.

Con dos mesas y poco menos de 10 sillas, las personas comparten alimentos aún sin conocerse, mientras que las cuatro personas que atienden el lugar ataviadas con amarillos delantales se mueven veloces entre las cuatro enormes cacerolas de tamales y al menos cuatro contenedores de atole y champurrado.

Como pueden toman el pedido, lo colocan en platos de unicel y atienden al siguiente comensal, son eficientes e incluso advierten a los de la fila cuando ya no tiene caso formarse “ya no hay tamales, hasta la señora de rojo de allá, ya no tenemos para más, ya no alcanzaron”.

La señora Hilda Cifuentes, propietaria del lugar con 26 años de operación busca principalmente el rescate de la cocina tradicional y jamás imaginó que la tamalería de la colonia Balbuena se convertiría en un lugar visitado por personas de diferentes barrios de la Ciudad de México.

Lo que comenzó para agasajar a una de sus amigas que le pidió preparar este alimento pero a base de verduras, en la actualidad adquirió mayores dimensiones y tiempo atrás llegó a tener hasta siete puntos de venta, incluidos dos establecimientos en las colonias Narvarte y Lindavista.

“Me siento muy satisfecha con mi trabajo porque estamos defendiendo la gastronomía mexicana con un producto bien hecho, con ingredientes de calidad, salvaguardando los productos de la tierra sobretodo que es lo que los mexicanos debemos cuidar y estar orgullosos de que los tenemos en México, tantas frutas y verduras sanas para elaborar estos tamales y llevarlos al plato de las personas es algo que me enorgullece”.

Ubicado en la calle Retorno 24 y avenida Fray Servando, en la delegación Venustiano Carranza, las personas llegan desde diferentes puntos de la capital mexicana, incluso algunas desde el Estado de México, como la señora Alejandra, que acompañada de su pequeño hijo viajó poco menos de dos horas para esperar con paciencia y esperanza un tamal de Gansito para su pequeño y otro Xóchitl, elaborado con flor de calabaza, calabacitas, elote y queso manchego para ella.

Con el estrés característico de quienes dedican su vida al fogón, doña Hilda recordó que tras elaborar los tamales para su amiga y tras una investigación de las diversas maneras de preparar tamales, puso las manos en la masa.

Así, comenzó con pequeñas pruebas y con el tiempo fue perfeccionando las recetas; hoy en día, cuenta con una extensa carta de sabores dulces y salados como choconatilla, Carlos V, Gansito, quelites y verdolagas, por mencionar solo algunos de los poco más de 50 sabores que ofrece.

En su opinión, el más solicitado es el de Gansito, que enamoró los paladares de chicos y grandes, mientras que para ella, el más especial es el Xochitl, debido a que fue con el que comenzó la historia de 26 años de llevar tamales a las mesas de diversos barrios de la metrópoli.

“He sido bendecida porque siempre he tenido muy buena producción, ya conforme fui dando a conocer, siempre he sido afortunada, tamales que sacó, tamales que se me venden 90 por ciento de las veces, empecé haciendo 100 tamales y ahorita hacemos 700 diarios”.

En entrevista con Notimex recordó que tiempo atrás tuvieron siete puntos de venta en la ciudad y dos locales, uno en la colonia Narvarte y otro en Lindavista, en ese tiempo tenían una capacidad de producción de poco más de cuatro mil piezas diarias para abastecer todos los puntos de venta.

Sin embargo, era una labor extenuante debido a que comenzaba sus actividades desde las cuatro de la mañana y terminaba a la una de la mañana, por ello, cerró los puntos de venta, lo que no impactó en su negocio debido a que las personas siguen llegando a la Balbuena desde diferentes puntos de la metrópoli.

Ella comienza a trabajar desde las seis de la mañana para elaborar los atoles y champurrados que ahí se ofrecen, el de cajeta es el más solicitado, comentó; además, comienza con la preparación de salsas y la masa para agasajar a los comensales que llegarán al día siguiente, cada día hace alrededor de 400 kilogramos de masa.

Los Tamalitos de la Balbuena dan trabajo a 10 personas, cuatro de las cuales atienden a la demandante masa de gente que acude al lugar a llenar la tripa, mientras que las siete restantes preparan afanosas la producción del día siguiente, doña Hilda, quiere dejar un legado, y los tamales que ahí se preparan serán parte del mismo, comentó orgullosa.

Los ingredientes con los que prepara estos alimentos provienen cada día de la Central de Abastos y siempre cuida la frescura y calidad de los productos, en tanto que las carnes y pollos los busca con proveedores que le lleven insumos de calidad.

Así, el lugar ofrece unos 29 sabores diferentes de tamales en hoja de maíz y 13 variedades de hoja de plátano; ello, aunado a cinco preparaciones especiales como el de Carlos V, zarzamora con queso, Gansito y cajeta con nuez, así como 23 diferentes sabores de atoles, los cuales, al igual que los tamales dulces, van cambiando día con día, los precios van desde los 20 pesos por pieza.

“Tenemos muchos productos de otros países y yo quisiera que la gente conozca los tamales, hay muchos niños mexicanos que no conocen los tamales, no conocen el pinole, la biznaga, en tiempos de mi abuela se preparaban los tamales dulces, de acitron, después los de pastas y los que yo preparo, las personas no conocen muchas veces los ingredientes mexicanos, las bebidas prehispánicas y les hacemos ver las diferencias, hay que educarnos a conocer los productos que tenemos desde siempre y los productos del campo”, puntualizó Doña Hilda.