Este domingo se cumplen 70 años de la primera gran tragedia migratoria registrada en la historia de México y Estados Unidos, en la que murieron 28 inmigrantes mexicanos, al desplomarse en California el avión DC-3 fleteado por el Servicio de Inmigración, en el que eran trasladados a la frontera para ser deportados.

A nivel nacional, las noticias del accidente del 28 de enero de 1948, a 32 kilómetros al oeste de la comunidad de Coalinga, California, solo mencionaron los nombres de los cuatro estadunidenses que fallecieron, incluyendo el piloto, el copiloto, la azafata y un agente de inmigración.

Las otras 28 víctimas fueron identificadas simplemente como "deportados".

Los inmigrantes, algunos de los cuales formaban parte del programa bracero y habían terminado sus contratos de trabajo, y otros eran indocumentados que estaban siendo deportados, fueron enterrados en una fosa común, en la que se colocó una placa, refiriéndose a ellos solo como "ciudadanos mexicanos".

Sus nombres, aunque fueron documentados por las autoridades, quedaron prácticamente en el anonimato en Estados Unidos.

El accidente se hubiera también borrado prácticamente y no hubiera sido conocido por las siguientes generaciones, de no haber sido por la intervención del músico y compositor Woody Guthrie, una de las figuras más importantes de la música folclórica estadunidense.

Indignado por hecho de que la cobertura periodística del accidente aéreo no dio los nombres de las víctimas, sino que se refirió a ellos simplemente como "deportados", Guthrie escribió un poema, al que le puso un acompañamiento musical rudimentario para solo declamarlo en vez de cantarlo.

En el poema, Guthrie asignó nombres simbólicos a los inmigrantes muertos en el accidente: "Adiós a mi Juan, adiós Rosalita, adiós, mis amigos, Jesús y María (...) No tendrá sus nombres cuando viajen en el avión grande. Todos lo que ellos les llamaran será "deportados".

Una década después, el poema fue musicalizado por Martin Hoffman, un maestro de escuela y la canción “Deportee” comenzó a popularizarse.

Desde entonces, artistas famosos como Bob Dylan, Joan Baez, Willie Nelson, Dolly Parton, Johnny Cash y Bruce Springsteen han interpretado la canción, dando a conocer la tragedia a las nuevas generaciones de estadunidenses.

La canción motivó al escritor Tim Z. Hernández, de California, a investigar el accidente y escribir un libro documentando quienes eran los inmigrantes que murieron. El libro “All They Will Call You” (Todos te llamarán), les devuelve el nombre a las víctimas.

El esfuerzo de Hernández fructifico también en una iniciativa en la que, junto con la Diócesis Católica de Fresno, en el 2013, se logró construir e instalar una lápida sobre la fosa común en el cementerio de la Santa Cruz, en Fresno, en el que, por primera vez, 65 años después del accidente, se inscribieron los nombre de cada uno de los inmigrantes fallecidos.

La identidad de quienes yacen en el lugar ha permitido en los últimos años a varios nietos, descendientes de los fallecidos, visitar finalmente el lugar en el que reposan sus abuelos.