La muestra “El Dios Rojo-Stalin y los alemanes”, que se exhibe en Berlín, intenta desnudar el mito tejido en torno a la figura del exlíder soviético Joseph Stalin, así como indagar cómo un dictador movió masas y fue idealizado en la forma que lo fue en la extinta Alemania Oriental.

“Hoy es difícil comprender que un dictador y asesino de masas pudiera ser convertido en ídolo en la forma que lo fue Stalin”, señaló Hubertus Knabe, director del Memorial Berlin Hohenschoenhausen, ubicado en la antigua prisión central de la Seguridad del Estado (Stasi), la policía secreta de la antigua República Democrática Alemana.

Pero el Partido Comunista de Alemania Oriental (SED) cercano a la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) hizo todo lo posible para que la población sintiera esa admiración por el líder soviético.

Y lo hizo a través de un entramado propagandístico que incluía libros, fotografías falsas, películas propagandísticas y muchos otras estrategias que documenta esta muestra, que abrio sus puertas este viernes en la antigua central de la Stasi, en las inmediaciones de Berlín.

Quizá la pieza protagonista de la muestra es una estatua de bronce gigante de Stalin de cuatro metros y medio de altura y varias toneladas de peso que ha sido llevada a Berlín desde Mongolia, donde fue encontrada por los historiadores.

Se trata además de una copia exacta de otra que estuvo en Berlín Oriental hasta que el nombre del dictador cayó en desgracia poco después de su muerte, en 1953.

Otro de los objetos más llamativos en esta muestra es una "lista de la muerte", un listado de nombres subrayados en rojo que representaba los objetivos de la "Gran Purga" que cobró cientos de miles de vida en la década de 1930 en la antigua URSS.

Así como la maqueta de un tren enviada por los alemanes orientales a Moscú con la leyenda: “Por los verdaderos amigos del pueblo alemán”. El objeto fue devuelto a Berlín desde un museo moscovita.

Otro de los recursos a los que el SED recurría con frecuencia eran los desfiles multitudinarios, algo que visto desde la actualidad parece difícil de creer que funcionaria, pero que entonces suponía una de las claves de conseguir el seguimiento a la causa comunista, señaló Knabe.

En la muestra se pueden observar, por ejemplo, los eslóganes preparados para una multitudinaria marcha para celebrar el 70 cumpleaños de Stalin en todo el antiguo bloque oriental aliado con la URSS en Europa.

Otro de los objetivos de esta exposición es “presentar ahora hechos históricos para contrarrestar la falsificación y dulcificación de la biografía de Stalin”, señaló Andreas Engwert, curador de la muestra.

Citó como ejemplo que Stalin cambió su fecha de nacimiento de 1878 a 1879 para hacerse un año más joven.

Fue Walter Ulbricht, líder la SED, quien a su regreso del exilio de la guerra en Moscú llevó la antorcha del estalinismo a Alemania Oriental, junto al primer presidente de la República Democrática Alemana, Wilhelm Pieck, explica Engwert.

Uno de sus primeros actos fue el establecimiento de la prisión de Hohenschoenhausen, que alberga hoy el memorial por las víctimas de la Stasi, pero que entonces se utilizó para detener a sospechosos de no comulgar con el ideario comunista, primero durante la ocupación soviética y más tarde por la Stasi.

Todo el que se negaba a aceptar la propaganda estalinista podía acabar allí fácilmente, incluso miembros del partido podían ser condenados en juicios ejemplares organizados por la SED, que obtenían confesiones bajo coacción.

El objetivo de la propaganda desplegada en la RDA era vincular al pueblo alemán en el sistema de la SED utilizando a Stalin como figura paterna, explicó Engwert, tras agregar que los jóvenes eran un objetivo particular para hacerles creer, con fe ciega, que hacían lo correcto.

Había incluso parques dedicados a Stalin, lagos de Stalin y la famosa avenida de Stalin de Berlín con su arquitectura monumental característica. Ese era el lugar original en el que descansó la estatua del exlider soviético antes de ser retirada una noche de noviembre de 1961, cuando la avenida pasó a llamarse Karl Mark.

Los curadores descubrieron un proyecto de 1951 para rediseñar totalmente Berlín Oriental al estilo soviético con enormes edificios gubernamentales, al estilo preferido del dictador.

El proyecto contemplaba la demolición de la catedral de la ciudad, pero los planes nunca se llevaron a cabo.

En la muestra también se descubre el cartel que bautizó brevemente una ciudad del estado de Brandemburgo cercano a la capital Berlín como "Ciudad de Stalin", tras su muerte en 1953.

Pero tras su caída en desgracia, la ciudad pasó a llamarse Eisenhuettenstadt.

La muestra sorprende al final con la voz del propio Ulbricht, que dirigiéndose a un periodista occidental le dice: “El estalinismo nunca existió y no existe ahora en Alemania Oriental”. Ulbrich fue el hombre que ordenó la construcción del Muro de Berlín en 1961.