Al menos 800 nuevos refugiados rohingyas llegaron al campamento de Kutupalong, en una ladera polvorienta en Bangladesh, en lo que es el campamento de refugiados más grande del mundo, mientras los gobiernos de Dacca y Naipyido buscan acelerar el eventual regreso de los repatriados.

Pero después de escapar del conflicto, se ciernen más peligros para unos 100 mil rohingyas que habitán el campo ante la próxima temporada de lluvias que pueden provocar inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra, advirtió la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Se espera que el clima húmedo comience a fines de marzo y las agencias de ayuda temen que miles de casas ubicadas precariamente en laderas polvorientas puedan ser arrastradas al valle, señaló Richard Evans, del ACNUR, quien estimó que al menos el 20 por ciento del campamento podría estar en riesgo.

"Las cifras son asombrosas, son 100 mil personas de 560 mil las que se verán directamente afectadas por las inundaciones y el deslizamiento de tierra, pero no olviden que el fuego es un gran riesgo, no olviden que las enfermedades transmisibles son un gran riesgo", añadió.

Bangladesh es uno de los países más pobres del mundo, y la presencia de alrededor de un millón de personas refugiadas rohingyas allí ha llevado al límite la presión a que estaban ya sometidos los servicios y la infraestructura.

Un brote de difteria infectó a miles el año pasado, pero los médicos temen que haya cosas peores por venir.

"Durante el monzón en Bangladesh, en esta área el cólera y la diarrea son muy comunes y otras enfermedades transmitidas por el agua como la fiebre tifoidea", advirtió la organización benéfica Save the Children.

Cerca de 700 mil refugiados han huido a Bangladesh desde el 25 de agosto, luego de una ofensiva del ejército provocada por los ataques de los insurgentes rohingya en el estado de Rakhine, en el noroeste de Myanmar.

ACNUR y otros grupos también instaron a reconsiderar el plan para enviar refugiados rohingyas a Myanmar en medio de temores de repatriaciones forzosas y la incapacidad de las agencias de ayuda para garantizar su seguridad en el estado de Rakhine.

Los rohingyas que huyeron a Bangladesh tienen miedo de regresar y apuntan que no vieron ninguna prueba de que Myanmar se esté preparando para devolverlos sanos y salvos a sus aldeas arrasadas en el estado de Rakhine.

La semana pasada, los gobiernos de Bangladesh y Myanmar intensificaron las negociaciones entabladas para el retorno en dos años de los 700 mil rohingyas que huyeron el año pasado a causa de la represión militar.

Aunque en el acuerdo se reconoce el requisito legal de que los retornos sean voluntarios y se efectúen con seguridad y dignidad, cuesta imaginar cómo podrá lograrse esto sin una modificación radical de la política de Myanmar hacia la población rohingya.

La ofuscación del ejército de Myanmar y su negación de las atrocidades que ha cometido contra los rohingyas no inspiran confianza y no cabe esperar que la suerte de los que están en Myanmar vaya a mejorar pronto, indicó por su parte Amnistía Internacional.