La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de la Facultad de Psicología, presentó el primer prototipo portátil de termografía de diseño y fabricación totalmente mexicana, que sirve para la detección del estrés postraumático.

El producto llamado “Ave Fénix” y creado con la colaboración y asesoría tecnológica de la Facultad de Ingeniería Electromecánica de la Universidad Autónoma de Querétaro, mide el estrés postraumático, el cual puede provocar alteraciones en el sueño, estados de alerta permanente, y afectar la calidad de vida física y mental de las personas.

El especialista y académico perteneciente a la Facultad de Psicología de la UNAM, Benjamín Domínguez Trejo, explicó que de no atender este problema de salud de manera adecuada y oportuna, puede prolongarse y ocasionar ansiedad, depresión, adicciones y hasta trastornos inmunológicos.

Explicó que el prototipo portátil de termografía es un método de bajo costo y de fácil aplicación que podría ser útil para 30 por ciento de mexicanos que no puede superar el estrés postraumático por sí solos y necesitan ayuda profesional para no sufrir un grado de estrés que afecte su salud y su capacidad de adaptarse nuevamente a la vida cotidiana.

Señaló que en menos de cinco minutos, el dispositivo permite obtener de forma no invasiva datos e imágenes de la situación térmica de los rostros de los pacientes, con lo que es posible evaluar de manera rápida y económica sus niveles de inflamación asociados con el estrés y el dolor.

A su vez, David Rogríguez, doctorante de la misma Facultad, detalló que este aparato es una muestra de lo que podrían ser una serie de instrumentos para el estudio e investigación de la psicofisiología en el tratamiento de diferentes trastornos.

El también colaborador en el proyecto destacó que algunos estados emocionales modifican los patrones de temperatura del rostro, donde de manera general las emociones positivas tienden a aumentarla y las negativas a disminuirla.

Así, expuso, cada emoción tiene un patrón específico en áreas del rostro, por lo que el nivel de concentración de la molécula llamada interleucina 6 (IL-6), con actividad inflamatoria, está directamente relacionado con la temperatura, en una persona relajada es menor y en un estresada es mayor.

Lo anterior demuestra que cada nivel de concentración de la molécula se relaciona con una temperatura distinta y eso influye en algunos estados emocionales como la ira o la ansiedad, apuntó.

El visor termografico para detección de emociones “Ave Fénix” es el primero de varios dispositivos que se tendrán al servicio de los pacientes para tener atender el dolor crónico y estrés postraumático en diferentes hospitales, para lo que se espera contar con el apoyo económico del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para realizar el proyecto a nivel nacional.

Domínguez Trejo subrayó que la UNAM, como pocas universidades en Latinoamérica, ofrece a sus integrantes un escenario propicio para la innovación y en cierto sentido para adelantarnos al futuro.

"No tenemos que esperar a que llegue el futuro, hoy podemos crearlo para el estudio de la salud y enfermedad; sabemos que no ha sido suficiente apoyarnos en las tradiciones, y ha sido necesario incorporar nuevas tecnologías, en particular en las enfermedades no transmisibles que representan un alto costo para su prevención y tratamiento como hipertensión, cáncer y diabetes", dijo.

Dichas enfermedades, aseguró el especialista, demandan evaluar cada vez con mayor precisión y rapidez la manera en que el estado emocional de un paciente puede apoyar o empeorar su situación.

Recordó que por décadas, los psicólogos han usado pruebas y herramientas como cuestionarios y encuestas adaptadas para obtener el reporte verbal de cada paciente, a fin de lograr una estimación de cómo las emociones, como la tristeza o el coraje, pueden afectar la salud de las personas con enfermedades no transmisibles.

El proceso termografico es realizado de una manera no invasiva, es decir sin tener que inyectar o colocar electrodos sobre la piel del paciente y en ventanas temporales muy breves de dos a tres minutos comparadas con las tradicionales pruebas psicológicas que toman entre 30 minutos hasta dos horas.

El proyecto que hoy cuenta con patente se realizó en un periodo de un año con nueve meses, y tuvo un costo aproximado de 15 mil pesos, muy por debajo de los instrumentos importados, que pueden tener un valor entre 60 mil y 80 mil pesos, hasta alcanzar medio millón de pesos.