El Barrio Chino de la Ciudad de México nació a la mitad del siglo pasado con el objetivo de reunir a la comunidad atraída al país desde 1880 para trabajar en la construcción de ferrocarriles, hoy sus calles sufren un periodo de rehabilitación con el que se espera que la zona recobre su esplendor perdido con el paso del tiempo.

El establecimiento del conjunto, en el que también habitan familias coreanas, indonesias y filipinas, dio fin a los guetos que produjo la xenofobia en el país y abrió el camino a una comunidad que aporta la diversidad de su cultura milenaria y contribuye a la economía y al turismo en la capital.

Una vez terminadas las obras ofrecerán un nuevo brillo a la zona, sin embargo, durante el proceso las ventas de cerca de 20 restaurantes, tiendas de importaciones y de amuletos han visto afectaciones.

En el lugar, el bamboleo de un oriental desesperado al interior de su tienda de curiosidades evidencia el hartazgo que ocasionan dos horas sin un solo cliente. El vaivén del tendero confluye con el de un gato dorado y sin fortuna, que a diferencia del hombre, sonríe.

Con el dedo índice se niega a una entrevista, con la mirada señala y explica la situación: no hay clientes.

En los restaurantes, en los que conviven los emblemáticos tallarines, los empleados, lo mismo chinos que chilangos, se han acostumbrado a cubrir con plásticos las charolas para evitar, así, el polvo que ocasionan las obras.

En otro punto, Tania Chen, limpia una a una las mascarillas que ofrece, al terminar la última la primera esta sucia de nuevo pero “es la mejor manera de pasar el tiempo”, afirma.

Explica que desde el inicio de las obras sus ventas han disminuido 60 por ciento. Con sus manos delgadas y pálidas la joven señala una grieta en el suelo en la que se lastimó el tobillo “es imposible caminar y por eso los clientes han dejado de venir”, señala.

Su esperanza es que las obras concluyan en tiempo y forma antes del año nuevo chino a celebrarse en la primer quincena de febrero y con ello, retomar las ventas y volver a ser una atracción en la zona.

En tanto Lidia Ramírez, oficinista, camina en busca de un amuleto de la perrita rescatista Frida, famosa por participar en las labores tras los sismo de septiembre, “es año del perro para los chinos y para mi familia y para mi Frida es el perro más valiente por eso vengo por una”.

Destaca que ella y sus compañeros de trabajo acudían de manera frecuente a comer en los emblemáticos bufetes, aunque por ahora han dejado de ir, explica que regresarán “aquí se come muy bien, pero sobretodo muy abundante, espero que terminen muy pronto”.

Los trabajadores aceleran el paso, cargan bloques y varillas, otros laboran en la iluminación de las calles, no hay tiempo para descansar, los locatarios presionan con sus miradas, observan cada movimiento como si con ello pudieran acelerar la construcción y terminar al fin con los inconvenientes que ocasiona.

De acuerdo con el encargado de la Autoridad del Espacio Público (AEP) en la Ciudad de México Roberto Remes, el proyecto contempla la intervención de cuatro calles de Dolores, Independencia, Victoria, Parroquia y la Plaza Santos Degollado a fin de potenciar el turismo, la derrama económica, y ofrecer oportunidades a todos los sectores económicos.

Además de conectarlo con la Alameda Central y renovar el Arco Chino que se inauguró el 16 de febrero de 2008 como parte de un esfuerzo para convertir el barrio, considerado como el más pequeño del mundo, en una atracción turística.