El Papa Francisco pidió hoy perdón a las víctimas de abusos sexuales contra menores de parte de clérigos por haberles pedido públicamente pruebas del encubrimiento del cual es acusado el obispo chileno de Osorno, Juan Barros.

Durante una conferencia de prensa a bordo del avión que lo llevó de Lima a Roma tras su visita apostólica de seis días por Chile y Perú, el Papa abordó ampliamente las polémicas que afectaron su paso por suelo chileno, aunque negó considerar a esa parte del viaje como “un fracaso”.

“Sobre lo que sienten los abusados, tengo que pedir perdón. La palabra ‘prueba’ ha herido a muchos de ellos. Dicen: ‘¿Acaso tengo que ir a buscar un certificado?’. Les pido perdón si los herí sin darme cuenta, lo hice sin querer”, dijo.

Aseguró que el malentendido le provoca dolor porque él mismo se ha empeñado en recibir a las víctimas, no sólo en Chile sino en otras partes del mundo que ha visitado.

“¡Escuchar que el Papa les dice: ‘Tráeme una carta con la prueba’ es una bofetada! Me doy cuenta de que mi expresión no fue afortunada y comprendo, como escribe Pedro en una de sus cartas, que el incendio ha crecido. Es lo que puedo decir con toda sinceridad”, agregó.

Con esas palabras hizo referencia a una declaración espontánea que dio en Iquique, al norte de Chile, el jueves 18 de enero y con la cual defendió a Barros pidiendo que le llevaran “pruebas”, porque hasta el momento sólo ha recibido “calumnias”.

El obispo de Osorno fue un pupilo destacado de Fernando Karadima, un poderoso sacerdote chileno declarado por el Vaticano culpable de abusos sexuales contra menores. Tres víctimas del clérigo lo acusan de haber encubierto los ataques de su mentor.

Tras aquellos dichos sobre Barros, que provocaron una fuerte reacción negativa en Chile, el Papa prefirió ahora moderar sus opiniones, aseguró que haber usado la palabra “prueba” le jugó una mala pasada, pero insistió en sostener que carece de “evidencias” contra el obispo.

Se dijo, incluso, “abierto de corazón” a recibir todas las denuncias del caso, pero aseguró que ninguna de las víctimas que acusa al obispo llevó sus señalamientos al Vaticano. Por eso, aseguró que no tiene la certeza moral para condenar al clérigo.

Reveló haber mandado a realizar dos investigaciones sobre el pastor chileno que no arrojaron evidencias suficientes para condenarlo y dijo que, por ello, prefirió aplicar el principio jurídico según el cual “todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario”.

“El caso de Barros se estudió, se reestudió y no hay evidencia. Es lo que quise decir. No tengo evidencias para condenarlo. Y si yo condenara sin evidencia o sin certeza moral, cometería yo un delito de mal juez”, apuntó.

“Es cierto que Barros estaba en el grupo de los jóvenes de Karadima. Pero debemos ser claros: si se acusa sin ninguna evidencia con pertinacia, esto es calumnia. Pero si llega una persona y me da evidencias, yo seré el primero que la escuche”, estableció.

Al mismo tiempo, el Papa reivindicó su compromiso de “tolerancia cero” contra los abusos sexuales a menores e incluso reveló que algunas semanas atrás él mismo atendió a una mujer que había sido víctima de abuso 40 años atrás.

También se refirió al caso del Sodalicio de Vida Cristiana, un movimiento de origen peruano que el Vaticano acaba de intervenir tras los abusos de su fundador, Luis Fernando Figari, y de otros altos exponentes.

Señaló que se trata de un caso similar “al de los Legionarios (de Cristo)”, que fue atendido por el Papa Benedicto XVI. “Él estuvo muy fuerte, no toleraba esas cosas, y yo aprendí de él a no tolerarlas”, apuntó.