Para conmemorar el centenario del pintor Fernando Castro Pacheco (1918-2013), la Fundación Cultural Macay organizó el ciclo “Legado y permanencia de tres pintores yucatecos”, que incluye cápsulas de televisión, emisiones radiofónicas, conferencias y recorridos por las salas permanentes del Museo Fernando García Ponce-Macay.

La directora de la Fundación, Elba García Villarreal, dio la bienvenida a los asistentes al Museo Fernando García Ponce-Macay, ubicado en Mérida, Yucatán y explicó que este año se celebran tres fechas icónicas en el arte y la cultura del estado:

El centenario del nacimiento de Castro Pacheco, las ocho décadas de vida del pintor y crítico de cine Gabriel Ramírez Aznar, y los 85 años de pintor abstracto Fernando García Ponce.

La conversación inició con la participación del doctor Jorge Cortés Ancona, encargado de dar un recorrido biográfico y pictórico por la obra de quien también fuera Director de la Escuela de Pintura y Grabado “La Esmerada” en la segunda mitad del siglo XX, lugar donde conoció a su esposa Blanca Sol Sumohano de Castro Pacheco, presente en el evento.

“Él siempre fue ejemplo de dedicación. Trabajó intensamente con bastante disciplina. Que bueno que podamos recordarlo, ojalá que así fuera de manera permanente para contemplar la obra de sus últimos años”, declaró el historiador e investigador.

En su oportunidad, el curador y crítico Juan Coronel Rivera abordó en primera instancia desde una perspectiva indigenista la importancia que tienen la figura de la mestiza y el arte yucateco en la construcción de la Escuela Mexicana de Pintura, a un nivel que puede igualarse al de la tehuana y la Escuela Oaxaqueña.

Es tanta la injerencia que tienen estas culturas que es probable que el muralismo mexicano haya tenido sus raíces en los viajes que su abuelo Diego Rivera y el muralista Roberto Montenegro realizaron en la zona peninsular por encargo de José Vasconcelos.

Con respecto a la obra de Fernando Castro Pacheco y sus contemporáneos, Coronel Rivera resaltó cómo desplazaron el canon de belleza grecolatina de la pintura europea por el de la figura de la mujer indígena.

 El crítico de arte señaló que además de abordar temas de su época, el pintor yucateco fue capaz de trabajar con la idea de la síntesis, no sólo representando personajes o situaciones sino utilizando la posibilidad de decir lo más con lo menos en una pintura. “Creo que tendríamos que hacer un poco más para que se entendiera la riqueza de todas sus visiones”, concluyó.

Para cerrar la conversación, el diseñador editorial y amigo del pintor, Miguel Ángel Martínez de la Fuente, relató a manera de carta cómo era la convivencia con el maestro Castro Pacheco, además de testificar cómo el apoyo incondicional de su esposa fue trascendental para que cumpliera exitosamente cada proyecto en puerta.

Posteriormente se realizó un recorrido por la sala permanente del artista en la que a partir de la próxima semana se exhibirá una selección bibliográfica donada por su viuda, la serie de pinturas al óleo que desde hace algunas décadas residen en el recinto museístico y una muestra temporal de grabados.