El Papa Francisco visitará en Perú una parte de la mayor selva del planeta que hoy es escenario de los conflictos más violentos en América del Sur, una zona donde proliferan el asesinato de líderes ambientales, la deforestación a gran escala y la especulación agraria.

En el Amazonas peruano son frecuentes además, los derrames de petróleo y un histórico conflicto con la minería de oro, así como un importante tráfico de cocaína y la presencia de grupos mafiosos. 

El papado de Jorge Mario Bergoglio se ha significado, entre muchos otros aspectos, por un llamado de respeto al medioambiente y la lucha contra la degradación ambiental, y se espera que este viaje al Amazonas sirva al pontífice para denunciar abusos contra las comunidades indígenas.

Con todo, la mayor selva tropical del planeta –de una extensión equivalente a toda Europa occidental sin contar Rusia- es hoy el escenario de múltiples conflictos por los recursos.

En Brasil, donde se sitúa en torno al 60 por ciento de la selva y se expanden inmensos ríos como el Amazonas o el Tapajós, cada año se arrasan miles de kilómetros cuadrados de bosque para dar paso a pastizales, lo que ha contribuido a hacer del país una potencia agroalimentaria mundial.

Asimismo, el gobierno del presidente Michel Temer ha promovido el avance de la minería industrial, la tala maderera y la apertura de nuevas fronteras económicas por medio de un corte drástico en el presupuesto de seguridad y control, así como una reducción de la legislación ambiental.

La consecuencia es que entre agosto de 2016 y julio de 2017 seis mil 600 kilómetros de selva brasileña fueron arrasados.

Ante esos datos, grupos de indígenas, ecologistas, agricultores recolectores (que viven de los frutos que da la selva en pie) y líderes sociales han lanzado campañas de denuncia y han peleado en los tribunales las leyes para fomentar la retirada de recursos, pero muchos pagan con su vida esa militancia.

Brasil es el país que mata más activistas ambientales y pequeños campesinos, y el Amazonas es el lugar más peligroso, con la mayoría de los 49 muertos de 2016 localizados en áreas dentro de la región amazónica, según datos de la ONG Global Witness.

En Perú, segundo país con mayor territorio amazónico, los conflictos también son abundantes, desde los derrames petroleros en la selva en la región amazónica norte y la proliferación de monocultivos como el aceite de palma, hasta la tala ilegal o la explotación ilegal de oro en el sureste, zona que visitará el Papa.

La región de Madre de Dios, cuya capital es Puerto Maldonado, urbe que visitará el Papa este viernes, es un enclave que tiene su economía “fuertemente vinculada a la minería artesanal de oro, con cerca de 64 por ciento del Producto Interno Bruto procedente del sector”, dijo a Notimex el gobernador y empresario minero Luis Otsuka.

Los cauces de los ríos en la región, una de las más biodiversas de Perú, son ricos en oro, y se estima que por lo menos 40 mil personas viven directa o indirectamente en Madre de Dios de la minería, que ha dejado sin embargo una profunda huella ambiental y social.

Las estimaciones por satélite indican que 70 mil hectáreas de bosque fueron arrasadas, mientras el uso extendido de mercurio para separar el oro de la tierra ha contaminado cauces de agua y parte de la selva.

Asimismo, en los asentamientos mineros –compuestos por barracones de lona instalados en áreas de selva arrasada, como pudo comprobar Notimex- abundan la prostitución, la trata de personas y los asesinatos por ajustes de cuentas, en una zona donde las autoridades admiten que el Estado no tiene presencia.

Con todo, las autoridades regionales –enfrentadas al gobierno central peruano por las restricciones a la minería- defienden que se permita una reducción de la normativa para legalizar a los mineros, pues a pesar del impacto ambiental defienden que el oro es una fuente para salir de la pobreza.

“No es posible vivir en la miseria teniendo ese oro. Hay que lograr un equilibrio”, explicó a Notimex el gobernador, que pidió que, si bien el Papa lance un mensaje al medio ambiente, también considere “a la gente” y no solo a los bosques.

“Él viene a dar un mensaje a la gente, a los pobres, seguro que no cometerá una torpeza. Todos tenemos derecho a vivir dignamente como seres humanos”, explicó Otsuka, quien recibirá al Papa en una región que produce cerca de 20 toneladas de oro anuales (el 22 por ciento de todo el país).